martes, 13 de diciembre de 2016

2016 LA ALTERNANCIA FUE POSIBLE


@iusfilosofo

Mientras nos preparamos a cerrar el 2016, -y redacto esta colaboración-, no puedo dejar de pensar en los acontecimientos que ocurrieron y que transformaron la vida política, sociojurídica y económica de millones de mexicanos; estos casi once meses y medio nos han demostrado que a pesar de las adversidades es posible cambiar el rumbo no solo del país sino de nuestras vidas.
Por lo pronto el triunfo electoral de la oposición en los estados donde el PRI había gobernado por décadas, traerá a los habitantes de dichas entidades una forma diferente de ver el ejercicio del poder.  La alternancia tendrá que ir acompañado de la acción de estos ciudadanos que decidieron decirle “No” al PRI como opción electoral. Pero que el PRI haya perdido el poder no garantiza nada, no lo es, si los ciudadanos piensan que la sola derrota del PRI es suficiente. Hay que tener presente las estructuras y burocracia que eventualmente paralizan el ejercicio de gobierno y que deben ser cambiadas.
Los ciudadanos siguen escépticos a las promesas de gobierno, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Transparencia y Acceso a la Información, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), más de 75 % de los ciudadanos desconfían de los datos gubernamentales en materia de seguridad y narcotráfico. Y tienen razones para serlo cuando se conocen casos en los que autoridades y delincuencia se coordinan para mantener zonas de confort para sus ilícitos negocios.
La encuesta del Inegi demuestra que el 80% de los ciudadanos reprueban los excesivos salarios de los funcionarios públicos. Y sin encuestas en la mano, es claro que el anuncio de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos y la Secretaría de Trabajo, de aumento al salario mínimo para 2017 a 80.04 pesos diarios no alcanza, pues de acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el costo de la canasta alimentaria es de 88.70 pesos. ¿Les parece suficiente?
Pero que la preocupación por si alcanza o no el salario mínimo no sea nuestro tema de angustia esta navidad, pues mientras tengamos legisladores federales que tengan un ingreso mensual de 148 mil 325 pesos, no hay de qué preocuparse, siempre habrá un mexicanos que llevaran sendas viandas a sus lujosas mesas este fin de año. Y que con cargo al gasto publico recibirán bonos para sus regalos navideños.
¿Tendríamos que preocuparnos por el bono de 150 mil pesos que pueden recibir? Movimiento ciudadano y Morena anunciaron que no lo aceptará, pero al parecer en el PRI no hay la misma frecuencia, Jesusa Cervantes de la revista Proceso nos recuerda la posición que el año pasado mantuvo su vicecoordinador sobre el tema: “Trabajo bien aquí, hago la parte que me corresponde. Lo que la Cámara fije es lo que nos corresponde a los diputados, lo que no haría es tomar dinero de otra partida que no me corresponde. (…)”. Y parece que este año la posición no cambiara.
Así, entre la alternancia, la crisis económica en algunos estados, los prófugos exgobernadores, los salarios que no alcanza y los súper bonos para los diputados federales, cerramos un año en el que el triunfo de Donald Trump debe ser lo que menos nos preocupe. Cerremos pues este año recordando que el conocimiento y la acción ciudadana pueden transformar al país. Y que la alternancia es posible y debe ser útil.
Por hoy es todo, nos leemos el próximo año, felices fiestas. Carpe diem.
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martes, 6 de diciembre de 2016

NO SOMOS LECTORES


@iusfilosofo

Nueve días bastaron para que a la Feria Internacional del Libro (FIL), llegaran 813 mil visitantes, unos 26 mil más que el año pasado, según presume su presidente- “El licenciado”- Raúl Padilla. Lo que también tuvo un incremento fue el presupuesto para realizarla; pues en total, hacer la FIL 30 costó 107 millones de pesos. Aunque originalmente se había considerado que la “fiesta de las letras” costaría solo 98 millones de pesos, en realidad la celebración subió una bagatela: 9 millones de pesos.
El año pasado con 787 mil visitantes, la FIL costó 85 millones de pesos; es decir, 22 millones de pesos menos. Confrontando números observamos que 26 mil visitantes, costaron 22 millones de pesos más. Para ponerlo en números fríos, esos 26 mil visitantes extra costaron 846.15 pesos por cada uno. Pero los defensores orgánicos de la FIL aludirán que “no todos los años se cumplen 30 años” así que los gastos extra, no importan.
Y mientras la FIL y sus voceros oficiosos presumen sus números bajo el hashtag #SomosLectores, el Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA), de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los mata con la realidad, pues en el caso de la lectura, el 42 por ciento salió con bajos niveles, no aprobatorios.
Ahora bien, según datos de INEGI (Informe Modulo sobre Lectura, 2016) de 100 personas, solo 47 leen 3 libros al año. Aquí vale decir que nos ganan los chilenos que leen 5.4 libros al año, los argentinos 4.6, los colombianos 4.1 y los brasileños 4. Los voceros oficiosos de la FIL podrán decir que respecto de 2013, donde la UNESCO dio a conocer una lista de 108 naciones sobre el índice de lectura, donde México ocupó el penúltimo lugar, con 2.8 libros al año. Hemos avanzado, pero de 2.8 a 3 libros por año, no resulta un gran avance.
Así que al parecer de muy poco sirve que se hayan incrementado los números de ingreso a la FIL, sobre todo si consideramos que como si fuera mitin político, niños y jóvenes son acarreados a la Feria, su “primer contacto con los libros” es hacer día de campo en la FIL, muchos asisten a regañadientes, otros tantos van porque es preferible estar ahí que tener clases y no son pocos los que asisten porque su profesor –de licenciatura o bachillerato-les dijo que al final de la feria preguntaría quien compro al menos un libro.
Me quedo con la campaña que en estos días compartió PaideiaMx, “ir a la FIL no te hace lector”, porque para ser lector no necesitas ir a una feria del libro, ni esperar las ventas nocturnas, ni mucho menos asistir esperando que alguien te regale un libro, que al final no será de tu interés.
Lamentable pero cierto, muchos de los asistentes a la FIL salieron con folletería bajo el brazo, calcomanías, banderines, y en el mejor de los casos con periódicos de cortesía que algunos medios entregaron. Así pues, #NoSomosLectores, debemos reconocer que aún falta mucho para fortalecer este gran hueco en nuestra sociedad, y desde luego prepararnos para la siguiente prueba, esperando que los resultados sean más alentadores.
Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.


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