martes, 18 de septiembre de 2018

PEÑA PINTADO POR SÍ MISMO




Samuel Hernández Apodaca
@iusfilosofo

Cuando a Enrique Peña Nieto le avisaron que sería el Candidato de su partido a la presidencia de la República jamás pensó que terminaría como inspiración para columnistas y moneros. Acostumbrado a no ser cuestionado por sus actos y a que los suyos respondieran con un “sí licenciado” Peña materializaba el conjuro que "una bruja" había vaticinado años atrás.
El chico de la Universidad Panamericana no podía creer tanta belleza, no solo gobernaba el estado con más tradición priísta sino que ahora ocuparía Los Pinos. Tras su triunfo en la cuestionada elección, la primera bienvenida que recibió Enrique Peña, fue precisamente en su Estado natal, allí en el Valle de Toluca, territorio que gobernó y en el cual en enero de 2013 fueron hallados 13 cadáveres, la mayoría se encontraron descuartizados y embolsados. Así iniciaba su sexenio.
Casi seis años después Peña se va y no destaco en él un discurso sobrio, inteligente y realista sobre las condiciones del país. En su intervención por los 70 años de la ONU, Peña destacó que “México es una Nación plenamente comprometida con la ley, los derechos humanos y la paz.”
Con una radiografía muy limitada -que se notó en su discurso- advirtió que “Con las crecientes desigualdades, con una crisis económica mundial que no cede y con la frustración social que esto provoca, el mundo de hoy está expuesto a la amenaza de los nuevos populismos. Nuevos populismos de izquierda y de derecha, pero todos riesgosos por igual.”
Su visión de país siempre estuvo limitada a la opinión de su equipo. El país del que Enrique Peña habló fue siempre  producto del análisis maquillado, de las cifras que sacaba cuando le convenía, a la retórica priísta de principios de los noventa. Esa visión del México de Peña Nieto no existe en el vivir diario de millones de mexicanos que no tienen que comer, que no accederán a la educación, que fueron víctimas de la delincuencia organizada, o que no tienen acceso a la justicia, salud o vivienda digna.
Peña pintado por sí mismo, plantea en sus discursos un país donde los homicidios han bajado; un país donde los precios de los productos básicos se están ajustando, al igual que la gasolina, la electricidad; un país donde el acceso a la educación de calidad esta “garantizada” por el Estado; un país donde los secuestros, extorsiones, asaltos, robos en poblado, no existen. Un país donde las aprobaciones exprés a la legislación, son producto del consenso y del “amor a México”.
Hay que decir que un logro para los neoliberales es que el oriundo de Atlacomulco haya logrado consumar lo que en tres sexenios los neoliberales del PRI y del PAN no lograron y finalmente fueron concretadas y finalizadas en este sexenio.
Peña se está despidiendo y lo hace con la popularidad más baja de la historia contemporánea del país, y es que no hay razones que hagan que los mexicanos estén felices con este sexenio, que se caracterizó por el no debate, por el diálogo simulado, por la aplanadora legislativa y por el control mediático de las situaciones, los escenarios y los adversarios.
Así va terminando peña lo que algunos llamaron el despeñadero, sino revisen sus bolsillos.
Por hoy es todo, nos leemos hasta la próxima. Carpe diem

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martes, 28 de agosto de 2018

EL CONGRESO QUE GANAMOS



Samuel Hernández Apodaca
@iusfilosofo
"A partir de ahora empezará a funcionar en México
el sistema previsto en la Constitución:
una república representativa y democrática"

Porfirio, Muñoz Ledo

Pocos recuerdan como hace 21 años la hegemonía política en la Cámara de Diputados se perdía, el partido que había mantenido el control del Congreso de la Unión finalmente era derrotado, en esas elecciones el PRI obtenía el 39% de los votos y alcanzaba 239 diputados (47.8%); el PRD ganaba el 25% de los votos y obtenía 125 diputados (25%); el PAN lograba el 24.2% de los votos, y ganaría 121 diputados (24.2%); el PVEM con un 4% de votos, tendría 8 diputados (2%); y el PT con 3% de los votos, contaba con 7 diputados (1.4%).

Estos resultados facilitaron a la oposición hacer un frente ante el PRI y obligarlo a instaurar nuevas reglas, sin antes recibir amenazas de los priístas de no presentarse a la instalación de la Cámara y así dar de facto un golpe de Estado Parlamentario. Así la LVII Legislatura tuvo, por primera vez, una mayoría opositora en la Cámara de Diputados.

En esa elección, la de 1997 en el Senado, el PRI también perdía la mayoría calificada necesaria para aprobar reformas a la Constitución, pues obtenía solo 77 de los 128 senadores (60%). Lo mismo ocurría con la elección en la Ciudad de México, Cuauhtémoc Cárdenas candidato del PRD obtenía el 48.11% de los votos; Alfredo del Mazo  candidato del PRI lograba el 25.59%; y Carlos Castillo Peraza candidato del PAN, alcanzaba apenas el 15.53% de los votos. Lo mismo ocurría con las gubernaturas de seis que se disputaban el PAN ganaba dos Querétaro y Nuevo León.

Pero un dato que marcaba el principio del camino de la derrota priístas en 2000 fue la pérdida de la mayoría de la población localmente gobernada, es decir, de los 2 mil 378 ayuntamientos del país, el PRI gobernaría en 1 mil 755; el PAN lo haría en 311 y el PRD en 251. En las capitales el PRI también tendría una pérdida de las 31 sólo tendría 15, el PAN, 14, el PRD, 1 y el PT, 1.

Porfirio Muñoz Ledo era elegido como presidente de la Cámara de Diputados, y respondería el III Informe de Gobierno de Ernesto Zedillo. En su histórica intervención Muñoz Ledo afirmaba frente a Zedillo: “A partir de hoy esperamos que para siempre en México ningún poder quedará subordinado a otro.”

Siete legislaturas y 21 años después Porfirio Alejandro Muñoz Ledo y Lazo de la Vega, de 85 años, volverá a presidir la Mesa Directiva de San Lázaro, pero en esta ocasión forma parte de la mayoría parlamentaria, la de Morena, será quien reciba el informe de Peña Nieto y quien coloque la banda presidencial a López Obrador.

Con la designación por parte de sus compañeros diputados, para presidir la Mesa Directiva, Porfirio será la voz no solo de su fracción parlamentaria, sino la de millones de mexicanos que votaron por la alternancia política, por la esperanza en construir un mejor país, por darle a la izquierda representada en Morena, la oportunidad de dirigir el país y acompañar a López Obrador con un Congreso de su lado. Este fue el Congreso que ganamos los mexicanos. El mismo que le da a Morena 246 legisladores, 191 Diputados y 55 senadores.

En 1997 Porfirio iniciaba su discurso: “Este acto encarna sueños y simboliza aspiraciones democráticas de los mexicanos. Es condensación de historia. Aquí desembocan y toman nuevo cauce luchas perseverantes y aun sacrificios en contra del poder absoluto, de sus arrogancias y excesos, y en favor de la libertad y la dignidad de nuestros compatriotas. Aquí se reafirma la esperanza de un cambio pacífico y profundo que nos conduzca, por la continuidad del esfuerzo emancipador, a la instauración de una República justa y soberana”.

¿Qué sorpresa nos dará el viejo lobo parlamentario en su discurso 21 años después? Estemos atentos a ello.

Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.

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martes, 14 de agosto de 2018

EL PANANAYA



Samuel Hernández Apodaca
@iusfilosofo

Como si nada hubiera ocurrido, como si las cosas estuvieran de maravilla, como si ellos hubieran ganado la elección el pasado 1 de julio con un margen que cualquiera envidiaría pues tendrán mayoría en las cámaras legislativas, como si su candidato fuera el ganador contundente de la pasada elección y mereciera una ovación a su entrada, así recibieron los panistas a Ricardo Anaya, mejor conocido entre los informados como “Riquín Canayin”.

Acuerpado por sus incondicionales, el derrotado exaspirante presidencial llegó al Auditorio Manuel Gómez Morín, para asistir al consejo nacional de su partido y “reflexionar para reconocer errores”. Como si el ejercicio de reflexión fuera una característica de los derrotados en la pasada campaña.

Al tener el control de su partido, Ricardo sigue viviendo una fantasía, pero más engañados están quienes lo respaldaron como candidato y lo ovacionan como el gran triunfador, cuando la realidad es contraria, pues el exdirigente nacional del PAN llevó a su partido al inframundos de los resultados electorales, el peor candidato, con el peor resultado de los tiempos modernos.

Los aplaudidores albiazules olvidaron que días antes gobernadores, diputados federales, y panistas reconocidos expresaron, en una carta la necesidad de refundar al PAN y su oposición a que el derrotado Ricardo Anaya regrese a dirigirlos. Los aplaudidores olvidaron que en las sombras de la hipocresía, Marko Cortés y Rafael Moreno preparan todo para controlar al partido en el que militan.

El PAN de 2018 no es el mismo de hace 20 años, no puede erigirse  como defensor de la cultura democrática y del dialogo, no puede presentarse como la bisagra de la transición, no puede asumirse como el partido balanza en el Congreso de la Unión, y no puede serlo cuando su candidato fue el que más violencia verbal demostró en campaña, contra quien hoy ocupara la silla presidencial.

Pensar que el PAN de Anaya es necesario en el sexenio que viene, es un error, asumir que el PAN derrotado en la pasada elección buscará sumarse a la reconstrucción nacional, es vivir una ilusión. El PAN de Anaya, es un partido resentido, es un espacio de mediocres que siguen con su discurso de campaña, sosteniendo que “la mayoría” no votó por Andrés Manuel a pesar de que la realidad electoral demuestra todo lo contrario.

El PAN de Anaya o PANANAYA es igual que el PRI de Ochoa Reza o  René Juárez, vulgares porros de campaña que solo son útiles para golpear al adversario, cínicos declarantes de mentiras “vamos a ganar” “estamos en segundo lugar” “daremos la sorpresa” decían estos últimos. El PAN de Anaya, es igual que el PRD de “los chuchos”, un espacio donde se afilan navajas para una lucha interna que les permita quedarse con las migajas de un partido que cada elección tiene peores resultados.

El PAN de Anaya está perdido, la autocomplacencia y el autoengaño parecen ser su bandera actual, hacia dentro no cabe la crítica, hacia fuera no tienen una gran representación. Hacia el futuro es necesario cambiar ¿lo harán?

Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.

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martes, 7 de agosto de 2018

PERDIDOS



Samuel Hernández Apodaca
@iusfilosofo

Acostumbrados a los excesos, a los actos grotescos, al abuso de poder, al dispendio a cargo del erario, a ganar a toda costa, al arrebato del triunfo cuando perdieron en urnas, a la “unidad”, a cumplir los caprichos del “Señor presidente”, a imponer su voluntad, a reprimir cuando quieren, a “robar y dejar robar”,  a servirse con la cuchara grande, a la Roque señal cuando aplican la aplanadora, a la plata o plomo con los medios incomodos, a comprar, chantajear o reprimir a los disidentes, los priistas viven hoy su peor momento y nada de lo anteriormente enumerado se volverá a repetir al menos en los próximos seis años.

El viejo PRI y el nuevo PRI nunca tuvieron una lucha, después de la derrota de 1997 en la que perdieron el control de la Cámara de Diputados, se empeñaron más en generar un discurso de cambio, que en aplicar acciones por democratizar sus filas. El viejo PRI y el nuevo PRI no entendieron el primer aviso, tampoco después de la pérdida de la presidencia frente a lo más atrasado de la derecha en el año 2000. El viejo PRI y el nuevo PRI no pelearon, cohabitaron a cambio de espacios, porque entendieron que vivir fuera del presupuesto es vivir en el error.

Tras su derrota el pasado 1 de julio, el PRI y sus aliados tienen cerrado completamente los suministros financieros que pudieran darle vida artificial, esa que les permitiría aguantar tres o seis años hasta que la presidencia les llegara de nueva cuenta a sus manos. Pero a diferencia de otras elecciones en esta ocasión no ganaron ninguna gubernatura que pueda mantener esperanzas de recuperar el terreno perdido. No pueden pedirle al próximo gobernador que opere el gobierno con estructuras partidistas.

Pero los priistas parecen no entender, pierden todo, y en lugar de promover cambios internos que les dé un respiro, los dinosaurios van por las migajas de lo que quedo, así Manlio Fabio Beltrones, Claudia Ruiz Massieu (que dirige al PRI), René Juárez Cisneros (que será el coordinador en la Cámara de Diputados), Rubén Moreira Valdés (habilitado como secretario general del PRI) Miguel Ángel Osorio Chong (próximo coordinador en el Senado) Beatriz Paredes y Ochoa Reza, se anclan en los cargos políticos para asegurar impunidad y gozar de privilegios.

De acuerdo con la más reciente encuesta de Consulta Mitofsky el 52.2% de los encuestados considera al PRI como el perdedor; un 34.8% considera que desaparecerá; el 71.3 % de los que simpatizan con ese partido consideran que el cambio debe venir de nuevos miembros con ideas frescas; un 47.3 % de los de simpatía priísta afirma que debe cambiar su imagen y su nombre; y aunque esta es la opinión pública, el establishment priísta se aferra a ocupar los cargos que les garantice vivir del presupuesto.

El futuro inmediato del PRI es incierto, y aunque saben bien que necesitan aires frescos y un cambio, para los que actualmente controlan a este partido, saben que hacerlo sería ceder lo poco que les queda. La alternativa más viable es escenificar una farsa democrática de consulta a las bases que permee en la ingenua militancia que aun poseen. Es decir un cambio a la gatopardo.
Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.

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martes, 24 de julio de 2018

DESPUÉS DE LA ELECCIÓN



Samuel Hernández Apodaca
@iusfilosofo

Apenas rebasamos las tres semanas desde la jornada electoral y muchos de los derrotados en aquella épica elección, no han podido superar el triunfo del tabasqueño. Columnas, memes, fake news, todo lo que pueda contribuir a seguir la “guerrita” de desprestigio contra quien obtuvo el triunfo.
Los del PRI esperaban otro escenario, quizá un milagro, como el de 1988 o el del 2006, ese que le diera un empujoncito para llevar al “triunfo” a su abanderado. En el lado panista las resistencias de aceptar su derrota se vieron manifiestas. Mientras el caso más lastimoso es quizá el del PRD, un partido cuya dirigencia mostró su incapacidad para generar una transición democrática.
Más allá de eso, hay que decir que los niveles de popularidad de AMLO son muy altos, según una encuesta de Consulta Mitofsky titulada “MÉXICO: DESPUÉS DE LAS ELECCIONES”. Realizada en este mes, justo diez días después de la elección indican que el 62.4% siente “alegría” con el triunfo, contra un 25.8% que siente “tristeza”. Sobre el tema de la “felicidad”, 62.7% se siente “feliz”, respecto del 23.5% que se siente “enojado”; 59.0 % siente “confianza” en él, mientras un 27.6% muestra “desconfianza”.
El documento de 15 páginas (consultable aquí http://cort.as/-8V9-) aporta algunos otros elementos, verbigracia: el 57.7% dijo que la victoria de Andrés Manuel le da "seguridad"; el 59.0% afirma tener "confianza" y al 59.6% le inspira "tranquilidad", el triunfo del candidato de MORENA.
También la encuesta arroja que el 61.1% considera que los cambios deberán observarse hasta con un margen de 1 año después de que López Obrador asuma la presidencia de la República.
Así, mientras Andrés Manuel sigue causando amplias expectativas, no solo en el nivel nacional sino en los escenarios internacionales; se dan algunas resistencias a los cambios, en algunos Estados los cacicazgos quieren amarrar a sus incondicionales, mientras otros endeudan a sus habitantes, unos más simplemente saben que es el “año de Hidalgo” y hay que llevarse lo que se pueda.
¿Y ustedes como viven los cambios en su Estado? ¿Cómo están actuando sus gobernadores? Y desde luego, ¿Que expectativas les genera López Obrador a unos meses de que tome posesión? Cierto es que después de la elección, una inmensa mayoría de ciudadanos verán de forma diferente la figura presidencial.
Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.

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martes, 10 de julio de 2018

YA SUPÉRENLO




Samuel Hernández Apodaca
@iusfilosofo

Mientras día a día, Andrés Manuel se reúne con los sectores económicos del país para comentar y compartir su propuesta. Los derrotados en la jornada electoral no pierden tiempo para criticar acciones que no puede realizar porque no tiene aún el control de la nación.
Este tiempo después de la elección, no ha pasado día sin que los recorridos de Andrés Manuel sean acompañados de una marejada de prensa nacional e internacional, y de gente que pide fotografías, da cartas, entrega recuerdos, lucha por verlo de cerca, o simplemente corre atrás de él para presenciar como el vehículo blanco en el que viaja el presidente electo se pierde entre la nube de cámaras y motos.
Ha pasado poco más de una semana en que nos enteramos de que el candidato del PRI, – ese que se empeñó en decirnos que no era del PRI, pero actuaba como el más vil de los priístas; cuyo primer acto fue con lo más atrasado del PRI, en el que pidió “háganme suyo” –salió a aceptar su derrota y con ello fulminó la esperanza de los dinosaurios de ese partido de llegar al Senado o a la Cámara de Diputados y así obtener fuero por tres o seis años y así evitar ser investigados por sus fechorías o negocios turbios.
En las críticas a Andrés Manuel, se esconde un rencor por verse derrotados, una impotencia porque no mantendrán sus privilegios; en la reproducción de estos mensajes se alberga la mezquindad sustentada en la apatía, les es más fácil criticar al candidato ganador de MORENA, que investigar su propuesta y analizar la plataforma. El discurso de odio que sostiene que “la mayoría no lo quiere” tiene sus bases en la ignorancia, pues Andrés ganó con más del 53% de los votos, y es el candidato más votado de las últimas tres décadas, sostener lo contrario es querer vivir en la ignorancia.
En efecto, los mexicanos optaron por decirle adiós al PRI, pero también por aislar al PRD y al PAN y de paso fulminar a Nueva Alianza y Encuentro Social. Así, respaldar a Ricardo Anaya le costó muy caro al PRD, o mejor dicho su obstinación les salió costosa a Los chuchos. En la elección presidencial el partido del sol azteca obtuvo 1 millón, 602 mil, 715 votos, mientras que la votación en el senado fue de 2 millones, 984 mil, 861 votos y para diputados federales 2 millones, 984 mil, 861 votos. El PRI, como partido, obtuvo en la elección presidencial 7 millones, 677 mil, 180 y el PAN 9 millones, 996 mil, 514 votos. Mientras que MORENA como partido obtuvo 25 millones, 186 mil, 577 votos.
Con esos resultados no había como no aceptar su derrota, y quizá lo que mejor aplica son las palabras que Enrique Peña dio a los familiares de los normalistas de Ayotzinapa: “Quiero convocarles para que con su capacidad, con su compromiso con su estado, con su comunidad, con sus propias familias, hagamos realmente un esfuerzo colectivo para que vayamos hacia delante y podamos realmente superar este momento de dolor”.
Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.

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martes, 3 de julio de 2018

HICIMOS HISTORIA




Samuel Hernández Apodaca
@iusfilosofo

Después del domingo el país es otro, una gran cantidad de personas abarrotaron las casillas como nunca se había visto, quizá muy similar a la elección de treinta años atrás, donde hasta muy tarde la gente seguía formada en espera de ejercer su voto; en mi memoria están grabadas esas imágenes. Treinta años después, el fenómeno es muy similar, pero con una gran diferencia, esta vez los jóvenes fueron los protagonistas del cambio, fueron los que decidieron ser los soldados de la transformación y ponerse muchos de ellos al servicio del general Andrés Manuel, su arma un Smartphone.

Treinta años después los jóvenes se convierten en factor de cambio, ellos que han sido los más afectados por el neoliberalismo, -termino que quizá muchos de ellos no conocen, pero que enfrentan día a día- cuando la desigualdad, la miseria, el desempleo y la inseguridad entre otras muchas cosas más, los convierte en protagonistas de esta política. Muchos nacimos y crecimos con ese modelo que se vio consolidado con los gobiernos del PRI y del PAN.

Los ciudadanos han ganado saliendo a las urnas para derrotar a un régimen que los mantuvo subyugados por mucho tiempo, un régimen que los engañó, que los utilizó, que los empobreció, en pocas palabras que los traicionó cuando les dijo a los ciudadanos que las reformas estructurales eran por el bien de México, cuando en la práctica la canasta básica de los ciudadanos se vio ampliamente disminuida.

Los ciudadanos han ganado demostrando al poder político y económico que todo tiene un límite, han ganado porque entendieron el valor real de su voto y porque se cansaron de ser traicionados primero por Fox, seguido por Calderón y luego por Peña Nieto. Andrés Manuel ha ganado y lo ha hecho de forma aplastante, entendió que había que consensuar, que era necesario hacer a un lado las diferencias, que era fundamental generar rupturas en el poder político y económico.

Las paradojas de la elección son crueles para muchos, el gran perdedor es el PRI, partido en el poder, pues pierde los distritos electorales federales donde tenía el control, hasta en Atlacomulco, terruño de quien hoy vive en Los Pinos. Fue derrotado pues su votación alcanzó los 6 millones 157 mil 156 votos. El otro derrotado es el PRD, partido fundado por quien ocupará la presidencia, y que solo obtuvo 1 millón 307 mil 665 votos. La derrota es terrible porque con toda la estructura política del partido que gobierna la Ciudad de México, resulta que Heliodoro Rodríguez, candidato independiente, obtuvo 2 millones 339 mil 431 votos.

Y precisamente, los otros grandes perdedores fueron los candidatos independientes, pero de ellos hablaré en otro momento. Por lo pronto hicimos historia con la elección, pero lo más importante aún viene, nada se entrega de forma gratuita y permanente, para citar a Rousseau “Un pueblo que no abusa jamás del gobierno. No abusaría jamás de su independencia. Un pueblo que gobernara siempre bien. No tendría necesidad de ser gobernado.” Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.


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martes, 26 de junio de 2018

HAGAMOS HISTORIA




Samuel Hernández Apodaca
@iusfilosofo

La noche del domingo o quizá madrugada del lunes sabremos quién ocupará la Presidencia de la República los próximos seis años. Que si es la elección más grande de la historia contemporánea del país, sí, lo es; Que si es la más cara; sí, también lo es. Cierto es también que la elección a la que asistimos es en la que más estrategias de guerra sucia se han implementado, particularmente contra el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia.

Esta es una elección nada sencilla, hay millones de mexicanos que asisten a las urnas por primera ocasión, y esos son los mexicanos jóvenes que han sido víctimas de la delincuencia, la inseguridad, el desempleo, la falta de acceso a servicios públicos básicos, a la educación y con un futuro inmediato nada alargador.

Parece sencillo decirlo, pero los más afectados con la política neoliberal que hoy vivimos son los que nacimos bajo este régimen que se ha empeñado en usar como bandera de su gobierno a las reformas estructurales. Esas reformas que han utilizado las privatizaciones para consolidar la desigualdad que vivimos hoy. Esas reformas que han hecho de nuestro país un México donde pocos deciden sobre millones y en el que millones no pueden decidir sobre su propio destino.

Muchos de los mexicanos que irán a las urnas este domingo no conocen del todo al PRI, crecieron con un primitivo hombre de botas que gobernaba bajo los influjos del prozac y con la tutela de la mojigata de Marta Sahagún; esos electores padecieron los gobiernos del PAN, quien en su política económica es lo mismo que el PRI. Ellos fueron los que vieron a Calderón Hinojosa declararle la guerra al narco, los que han visto como se asesina, secuestra y desaparece a estudiantes; y son también los que han visto en Peña Nieto y su partido, a los fulminadores de sus sueños.

En esta elección PRI y PAN representan lo mismo, votar por cualquiera de los dos significa contribuir a mantener el statu quo otros seis años y consolidar el establishment;  significa también permitir que siga la depredación nacional a través de las reformas estructurales; esas que posiblemente no alcancen a entender pero que todos los días las padecen.

De cara a la elección, Andrés Manuel y el equipo de mujeres y hombres que lo rodean, es el único que representa una alternativa real para transformar al país, es quien ha plasmado un proyecto de nación y  quien ha presentado a su futuro gabinete. No es el caso de los otros candidatos que se han ocupado más en atacar al puntero que en decirle a los electores quienes podrían formar parte de su gabinete en caso de ganar la elección.

Andrés Manuel es quien mejor conoce al país, lo ha recorrido incansablemente, sabe de su problemática, entiende las necesidades de sus regiones. Ha logrado conjuntar a los sectores más diversos del país, incluirlos en el programa de nación o P18 que busca “construir un país justo que procure el desarrollo de todas las personas.” Propuesta a la cual me sumo porque considero una necesidad impostergable.

Andrés Manuel, es el rival a vencer y a pesar de que el candidato del tercer lugar diga que va en segundo, en el fondo sabe que está perdido y que junto con su equipo han hecho una inútil campaña; mismo caso ocurre con Ricardo Anaya, el político a quien sus excompañeros acusan de traicionero.

Andrés Manuel representa la esperanza de millones de mexicanos para cambiar el rumbo del país. Un rumbo necesario que construya mejores posibilidades de desarrollo para todos; su experiencia de gobierno le da ventaja sobre sus competidores.

López Obrador simboliza la posibilidad del cambio verdadero que no ofrecen los demás, un cambio que implica que ese 50 % de la población que vive en condiciones de pobreza mejore sus condiciones de vida. López Obrador abre la posibilidad de construir legalidad y combatir la corrupción, recuperar la paz, construir un gobierno austero, pues como afirma “no puede haber un gobierno rico con un pueblo pobre”.

Desde luego, votar por Andrés Manuel no implica dejarlo solo, pues es necesario que la propuesta y el programa se materialicen a través de las acciones del Poder Legislativo, de ahí que sea necesario acompañarlo con legisladores que representen en el Congreso de la Unión ese proyecto. Un voto por López Obrador tampoco es la panacea, el cambio verdadero debe venir con una sociedad organizada, exigente, que alce la voz cuando sea necesario y que empuje cuando se requiera. La transformación del país no termina con el voto el primero de julio, ese día apenas inicia. Hagamos historia.

Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.




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martes, 19 de junio de 2018

TOLERANCIA CERO



Samuel Hernández Apodaca
@iusfilosofo

Futbol, campañas, discursos, mentiras, promesas, guerra sucia, fanatismo, violencia electoral, inseguridad, desempleo, pobreza, y mucho, mucho más ocurre de este lado de la frontera mientras la política impulsada por Donald Trump separa a miles de niños de sus familias, entre ellos niños mexicanos.
La política de terror impulsada por el hombre 324 más rico del mundo (de acuerdo con Forbes, 2016) ha causado indignación internacional, los responsables de tras de esta iniciativa son Stephen Miller, asesor de Donald Trump y John Kelly, jefe de gabinete; fue anunciada en abril por Jeff Sessions, el procurador general, y su implementación está en manos de la Secretaria de Seguridad Interna, encabezada por Kirstjen Nielsen.
El argumento del neoyorquino de 72 años es que los niños son utilizados como pretexto para ingresar a Estados Unidos, por ello defendió: “¿Alguien ha estado viendo los crímenes que ocurren al sur de la frontera?. Es histórico, algunos de esos países están entre los más peligrosos en el mundo. No ocurrirá en Estados Unidos.”
Mientras eso ocurre, los candidatos a la presidencia mexicana no han fijado una postura seria al respecto, ni el “amigo” de Trump, Luis Videgaray (alias el buitre) quien hoy ocupa la elefantesca Secretaria de Relaciones Exteriores, han fijado posicionamiento sobre los acontecimientos. Aun cuando ayer la ONU pidió al gobierno de Estados Unidos terminar con la política de separar a los niños migrantes de sus padres.
Y es que no debemos callar, ni normalizar los acontecimientos, por más que a nosotros no nos ocurran. Imaginen ustedes una amplia y siniestra instalación dividida en secciones, ocupada por jaulas, en cada sección desembocan zonas comunes donde hay baños portátiles, acompañadas de luces en los techos encendidas las 24 horas.
Y mientras Trump culpa a los demócratas y dice que su gobierno solo está aplicando leyes ya existentes, aunque eso no sea cierto, seguiremos esperando la sesuda respuesta, del ex aspirante a la candidatura del PRI a la presidencia de la república y quien tuvo que conformarse con una secretaria, muy a pesar nuestro, con la de Relaciones Exteriores.
¿Qué pasara los próximos días? Estemos atentos, por lo pronto exijamos al Secretario de Relaciones Exteriores fijar postura sobre la política de “tolerancia cero” y hagamos lo propio con quienes pretenden gobernar este país.
Por hoy es todo nos leemos la próxima. Carpe diem.


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martes, 12 de junio de 2018

DEBATE Y FÚTBOL




Samuel Hernández Apodaca
@iusfilosofo

Entre discursos triunfalistas y violencia verbal (disfrazada de propuestas) se ha desarrollado la campaña por la presidencia de la república. Los espacios que antes no se utilizaban, hoy han sido ocupados por delegados del equipo de campaña. Así, los vemos a todos en programas de radio, noticieros, revisteros matutinos, programas deportivos, y aprovechando la era digital hasta en nuestros dispositivos. Ya no hablemos de las redes sociales que han sido el campo de batalla de casi todos los candidatos.
De esta manera hemos llegado al tercer debate presidencial, debate muy alejado de aquel primero de los años noventa, donde iluminación y presencia era muy diferente. Este último es un debate atípico, pues a diferencia de los anteriores se desarrollará en día laboral, debido a que no podría competir contra el mundial de fútbol. 
Entonces ¿Qué podemos esperar del debate de hoy cuando uno de los candidatos tiene más del 50% de las preferencias electorales -según las últimas encuestas-mientras que el último lugar de las preferencias apenas llega al 3%? ¿Cuál debe ser nuestra expectativa si ya vimos los spots de ataques y la guerra sucia contra Andrés Manuel y Ricardo? ¿Qué sorpresa nos deparará el alumno de Carlos Alazrraky para el debate de hoy, cuando ya nos ha demostrado que lo suyo no es el carisma?
¿Qué debería emocionar más a un ciudadano: saber que los personajes de esta noche decidirán los destinos de su vida los próximos seis años, o presenciar la derrota de la selección nacional de fútbol? ¿Cuál tendría que ser la responsabilidad del ciudadano: ver con ojos críticos el debate y las propuestas de quienes pretenden gobernarnos o apoyar ingenuamente a una selección de fútbol que jugará un papel testimonial?
¿Qué debemos esperar los ciudadanos de los debates? ¿Propuestas? ¿Ataques? ¿Espectáculo? ¿Gritos? ¿Mentiras? O simplemente nada. Y ¿Qué deberían esperar los candidatos de nosotros, los ciudadanos? ¿Qué salgamos a votar y participemos en la decisión del destino de nuestro país o simplemente que nos quedemos en la comodidad del “sillón del estatus quo” como afirma la Doctora Bárbara Cabrera?
Quizá debate y fútbol deberían ir de la mano, pero por alguna extraña razón, los mexicanos prefieren ver a veinticuatro individuos pateando un balón aunque les vaya de la patada seis años de su vida, que informarse sobre quienes aspiran a ocupar la silla del águila. Informémonos, participemos, organicémonos, salgamos a votar, es parte de nuestra responsabilidad cívica.
Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.


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martes, 5 de junio de 2018

EL DEBATE SE ARMÓ



Samuel Hernández Apodaca
@iusfilosofo

Desconozco si les pase a mis compañeros profesores, pero mis alumnos en casi todas las asignaturas que tengo oportunidad de impartir, indudablemente tocan temas de coyuntura y en estas últimas semanas el tema ha sido las condiciones de inseguridad que hemos vivido en la zona metropolitana de Guadalajara, y el otro es el electoral.
Grato ha sido conocer que más del 90% de ellos han visto todos los debates presidenciales y casi el 60% los debates locales. Los jóvenes son sin duda actores fundamentales en las trasformaciones que el país requiere, además son ellos los que más han sido afectados por el modelo neoliberal que ha golpeado su presente inmediato y vulnerado su futuro.
El Estado ha abandonado a los jóvenes, y la delincuencia se ha encargado de ponerles atención. Los jóvenes no solo han sido víctimas de la inseguridad, lo son también del desempleo, de la falta de acceso a la educación, de la marginación social, de la falta de acceso a salud, de espacios de recreación, de acceso a la cultura. Muchos de ellos han tenido que emigrar por aspirar a una vida mejor, aunque en el intento algunos han fallecido.
Desde aquel espontáneo #YoSoy132 la forma en que los jóvenes hacen política ha cambiado, ahora utilizan las redes sociales y plataformas digitales para hacer llamados, fijar posturas, realizar convocatorias o simplemente para organizarse y comunicar. Su presencia y organización (que puede ser efímera porque persigue determinadas causas) pueden romper cualquier agenda política si se lo proponen.
Los poco más de 30 millones de jóvenes, -según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)- padecen de políticas públicas claras, eficientes, eficaces, transparentes, accesibles. Ahora bien, si los jóvenes han sido protagonistas en este sexenio, lo han sido porque han caído víctimas de la inseguridad y delincuencia, porque han sido afectados en su integridad y consecuentemente su familia también. Ahí están los sexenios de Calderón y de Peña, en los cuales el señor Meade, fue funcionario. Sexenios fallidos en políticas públicas hacia este sector poblacional.
Por eso, es indignante ver como algunos candidatos solo ven en los jóvenes la carne de cañón para sus campañas, como son utilizados para repartir publicidad, para el ataque en redes contra ya sabes quién, pero no para ser integrados en el círculo de toma de decisiones que les afectan.
Un número importante de jóvenes están informados, no se dejan manipular, saben que este país no se va a convertir en Venezuela, entienden que en un sexenio no se podrá cambiar lo que por décadas ha estado mal; tienen interés en saber con quién gobernarán los candidatos, si es que ganan. Por ello es importante alentar a que conozcan, pregunten, se informen y contrasten todas las propuestas políticas para la toma de decisiones.
Así fue una sesión con mis alumnos, de pronto el debate se armó.
Por hoy es todo, nos leemos la próxima, carpe diem.


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martes, 29 de mayo de 2018

¿QUIÉN DIABLOS ES MEADE?



Samuel Hernández Apodaca
@iusfilosofo

El fin de semana pasado tuve oportunidad de asistir a un par de comunidades alejadas de la mancha urbana, allí donde el café de la marca transnacional es sustituido por el café de olla, donde el gas natural es cambiado por la leña, y donde la gente se conoce y te saluda aún sin saber tu nombre. Donde los habitantes -tuvieron que comprar desde antes de la televisión digital- antenas para recibir señal de televisión abierta, y donde la señal de telefonía celular aparece intermitentemente, a pesar del compromiso de una empresa de poner antenas para la mejor recepción.
En la comida, llegó el momento de hablar de política. Queda claro que la gente conoce solo a algunos de los candidatos; por ejemplo, los que buscan la presidencia municipal, pero no conocen a los candidatos a diputados locales y mucho menos a los federales, “ya no hablemos de los senadores, esos nunca se han parado por aquí” expresó un habitante. Nadie ha visto ningún debate, para esas cosas no se tiene tiempo, “hay que trabajar”. Y aunque los habitantes no han visto los debates, si han escuchado hablar de ciertos  candidatos, de Andrés Manuel se expresaron bien, lo conocen de años y le dieron calificativos de “honesto”, “valiente” y “hombre de palabra”. De Ricardo, lo empiezan a conocer, no les gusta su sonrisa, les parece “falso”. ¿Y de Meade? Nadie lo ubica “¿Quién diablos es Meade?” “¿de qué partido es?”, preguntaron. Uno de los presentes me expuso que como el PRI ya está en el gobierno, los olvido hace años y ellos se olvidaron del PRI.
Fue como regresar en el tiempo, ver que la gente aún conservaba en sus ventanas las calcomanías con el rostro de Roberto Madrazo- Candidato presidencial priista de hace 12 años-. Después, ya nadie de ese partido los visito, quizá porque alzaron la voz cuando se quiso atentar contra la dignidad de esa comunidad, porque en alguna ocasión alcanzaron al gobernador para exigirle que cumpliera sus promesas de campaña.
¿Quién diablos es Meade? fue la pregunta, ¿Y cómo responderla? Diciendo que Meade es el candidato “no priista” -como él se definió- pero que practica mejor que nadie la cultura del príista prototipo; contestando que es el candidato que desde su designación ha ocupado el tercer lugar en las preferencias electorales; afirmando que es el personaje gris, que no motiva ni a su propio equipo de campaña; sosteniendo que es el responsable de la política económica que consolidó las desigualdades durante este sexenio; ¿Recordando que, por más que lo niegue, es el autor intelectual del gasolinazo?
¿Quién diablos es Meade? ese personaje que no sale de su nicho de confort y prefiere encuentros cerrados y controlados. ¿Quién diablos es Meade? ese que ha basado su campaña en ataques a Andrés Manuel López Obrador pretendiendo restarle puntos. ¿A que Meade recordarles? ¿Al burócrata de carrera, o al candidato priísta más obeso de la historia política contemporánea? Meade, el que inventó su 7 de 7, o el Meade cuyos antecedentes familiares son de abusos y atropellos a los más desprotegidos.
Meade, el hombre cuya candidatura nació muerta o el que dice “me los llevo de calle a todos”; Meade el de los desvíos en SEDESOL o el que simplemente tiene que soportar una candidatura que no pensó le costaría tanto; Meade el que pidió a los priistas más atrasados lo hicieran suyo, o el Meade a quien Los Pinos ya le dio la espalda. Meade quien dice ser el futuro o el que representa el modelo neoliberal de siempre ¿Quién diablos es Meade? Preguntaron los habitantes y quizá en algunos meses la pregunta será ¿Quién diablos fue Meade?
Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.

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martes, 22 de mayo de 2018

CANDIDATOS SIN CAMBIO




Samuel Hernández Apodaca
@iusfilosofo


Tras el segundo debate presidencial, no se observan cambios significativos en las preferencias electorales, los ciudadanos consultados por las encuestadoras siguen manifestando sus simpatías por Andrés Manuel. Del debate podemos observar las medidas desesperadas de quienes no tienen los mejores resultados en sus números, tanto Ricardo como José Antonio confrontaron con su presencia  al candidato de la Alianza Juntos haremos historia. Los dos buscaron una respuesta que al final no encontraron.

A pesar de que no estuvo Margarita Zavala, fue una noche larga de debate, moderadores dinámicos –que en más de una ocasión pusieron en su lugar a los candidatos-, presidenciables con espacios diferentes, ambiente de confrontación, pero lo cierto es que faltó profundizar en las propuestas, tomar con seriedad a los asistentes y buscar una forma diferente de ganar simpatías sin necesidad de recurrir al ataque contra AMLO.

Comentaba la semana pasada, que en cualquier democracia madura y con los resultados de las preferencias electorales que casi todos conocemos, los candidatos con menos de 20% de intención del voto en este caso José Antonio Meade y Heliodoro Rodríguez, e incluido en segundo lugar, Ricardo Anaya, deberían sentarse a la mesa para construir un gobierno de transición, y de ser posible de coalición.

Lo que observamos el fin de semana pasado fue un debate de candidatos –todos hombres- y el “Bronco”. Candidatos sin cambios, sin sorpresas, sin novedades de fondo. Heliodoro Rodríguez, con la misma línea discursiva, la misma actitud, con ocurrencias como bandera de su candidatura, con los clichés ya conocidos.

José Antonio Meade, bautizado en Twitter como el “doctor formol” buscó –sin lograrlo- ganarle el lugar de porro a Ricardo Anaya y confrontar a López Obrador, pero sus intervenciones una tras otra no consiguió transmitir el entusiasmo necesario para mover los números a su favor. Más allá de manotear y golpear la mesa de Andrés Manuel, José Antonio pierde con el debate y parece que su tendencia es a la baja.

En el caso de Ricardo Anaya, mantuvo su estrategia de golpear a López Obrador y tratar de conseguir preferencias electorales a partir del manejo en redes de “ganamos el debate”, volvimos a ver a un Anaya provocador, por momentos impulsivo, que se centró en descalificar el ejercicio de gobierno de Andrés Manuel. No hubo más sorpresas de ese lado, pero recurrir a la portada de revista Proceso, ya tuvo consecuencias en redes.

López Obrador no estuvo en su mejor momento, si bien fue el único que recibió una andanada de ataques de los tres adversarios, es cierto también que vimos a un López Obrador que no buscó mover mucho el escenario, aunque se llevó la noche por esconder la cartera frente a Ricardo Anaya y llamarlo “Ricky Riquín Canallín” aún es necesario que busque consolidar sus referencias electorales en ciertos sectores sociales, y que sin duda se prepare mejor para el siguiente debate.

El cual por cierto será en Mérida Yucatán, el próximo 12 de junio, veremos si los candidatos cambian sus estrategias frente a los electores o simplemente se mantienen como candidatos sin cambio.
Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.

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martes, 8 de mayo de 2018

ADIÓS MEADE



Samuel Hernández Apodaca
@iusfilosofo

Manchado por un pasado que algunos se niegan a reconocer, pero cuyas consecuencias vemos todos los días, el candidato del PRI -que siempre se dijo no priista- finalmente soltó el mensaje que ya se sabía desde hace algunos días y del cual únicamente se esperaba confirmación, el porro Enrique Ochoa Reza se fue como llegó a la dirigencia nacional del PRI, sin pena ni gloria.
Manchado por su pasado y presente tecnócrata, José Antonio -el autodemominado no priísta- afirmó que fue él quien tomó la decisión de que Ochoa dejara la dirigencia del PRI y ya envalentonado sostuvo que en breve anunciará cambios en su equipo de campaña, y también a su estrategia de comunicación. ¿Pensará en comprar más bots?
Empujado por su astigmatismo político, sigue sosteniendo que ganará la elección presidencial el próximo 1 de julio, a pesar de que está a 31 puntos de Andrés Manuel  López Obrador. Sabedor de su derrota inminente, el autodenominado no priísta, no ha invertido el tiempo que le dan los medios para hablar seriamente de su propuesta, sino que se ha ocupado de atacar al puntero en las preferencias electorales.
Desangelado y bajo la protección de medios incondicionales que siempre lo ponen en sus primeras planas y en sus titulares informativos –hoy mermado porque su más fiel testaferro Ricardo Alemán ha sido echado de dos medios informativos- Meade Kuribreña ve como un privilegio que el más atrasado de los priistas René Juárez Cisneros, sea el nuevo dirigente del PRI.
El candidato de “Todos por México” no ha ganado un solo round, pidió durante semanas debatir con Andrés Manuel y este simplemente lo ignoró, quiso tomar la delantera con un 7 de 7 y sencillamente fue intrascendente, utilizó el debate para atacar a AMLO y su estrategia no le resulto. Él y los suyos ahora utilizan una estrategia de miedo para amenazar a los electores de los riesgos de votar por “El peje”.
El destino de Meade Kuribreña parece ser solo uno, perderá la elección y dejará de vivir de la administración pública, acabará su vida de burócrata de primer nivel que le han servido de fachada para hacer negocios a él y su familia. Pasará a la historia como el candidato del tercer lugar, ese que a pesar de contar con el apoyo de la presidencia, perdió la elección.
Sin gracia y como un verdadero personaje gris, Meade sigue sin encontrar la fórmula ganadora, aun en los foros ad hoc, no levanta simpatías, va a la televisión y le preguntan si tiene un libro y responde que sí pero que no sabe el título, su “voy derecho y no me quito, hasta la victoria” no lo convence ni a él mismo. Los días políticos de Meade están contados, sin pena ni gloria terminará el candidato que le pidió a lo más atrasado del sindicalismo mexicano que lo hiciera suyo. Adiós Meade.

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martes, 24 de abril de 2018

POSDEBATE E IMPUNIDAD




Samuel Hernández Apodaca
@iusfilosofo

Pasados los minutos después del debate, los operadores en redes sociales de los principales candidatos han reforzado y en algunos casos cambiado sus estrategias de campaña, lo cierto es que este debate, fue muy diferente –para los que hemos sido testigos de la historia de los debates presidenciales en México- tal vez no como se hubiera deseado, pero el papel de los moderadores dió un toque particular y diferente.
Desde antes del debate las banderas de guerra se habían alzado, se vislumbraba una jornada en la que Andrés Manuel sería el blanco de los ataques de sus adversarios, ataques a los que se sumó el bárbaro del norte Heliodoro Rodríguez, habilitado como candidato presidencial de último momento. 
Las mesas del posdebate donde asistieron los representantes de los candidatos presidenciales, fueron también un factor que permitió a los ciudadanos dar seguimiento a lo que minutos antes habían observado, pero con un ritmo diferente, más lento y analítico. Con mayor información y en un formato que permitía cuestionamientos y réplicas.
Sobre ¿Quién ganó el debate? dependiendo la encuesta hay un ganador, pero en todas hay un factor común, les presento los datos y pido que observen para detectar ese denominador común. Según la encuestadora Massive Caller, para el 40.9% de los 1,000 entrevistados al término del debate el triunfador fue López Obrador, aunque muy cerca se ubicó el aspirante del PAN-PRD-MC con 39.6%. Mientras que el aspirante del PRI se colocó en un lejano tercer lugar, con 9.2%;
En el caso de la encuesta del diario Reforma, realizada a 903 personas en la CDMX, Guadalajara y Monterrey, Anaya fue el triunfador con el respaldo del 68% de los participantes, y 16% fue para AMLO. El 9% de los encuestados consideraron a José Antonio Meade como el vencedor. Ese mismo medio realizó una encuesta telefónica en la cual resultó ganador el abanderado panista con 36%, y López Obrador con el 34%, mientras que Meade obtuvo el 10%.
Como se puede ver, el candidato priísta ha bajado en sus tendencias de preferencia electoral, pues la última antes del debate, lo colocaba con un 18% de las preferencias y tras el debate ha bajado a la mitad. Vayamos más lento, para utilizar la misma dinámica que a algunos priístas les gusta recurrir; si nos quedáramos con el dato de las encuestas antes del debate veríamos que 8 de cada 10 mexicanos no quieren a Meade, ni al partido que lo postula. Ahora bien, si observamos los resultados de las encuestas después del debate vemos que 9 de cada diez jamás votaría por Meade, es decir por el PRI.
Meade está perdido, ni sus bots, ni las inserciones pagadas, ni la guerra sucia, ni las declinaciones anunciadas, ni las encuestas ad hoc logran levantar su campaña, solo sus ciegos seguidores creen que ganará la elección, en que es mejor candidato, solo ellos ven triunfador a José Antonio la noche del 1 de julio. La realidad es otra, ya no hay alternativa, la disputa final será de dos, Andrés Manuel y Ricardo.
Y mientras las campañas siguen su curso, los casos de impunidad continúan, exgobernadores prófugos, funcionarios corruptos, políticos mentirosos, ciudadanos apáticos, autoridad electoral domesticada. ¿Ustedes que más agregarían?
Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.

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