martes, 10 de junio de 2014

GANAR EL BALÓN, PERDER LA REALIDAD



Muchos de nosotros lo hicimos, yo no recuerdo cuando fue la primera vez, pero muchas de las personas a las que conozco lo habían hecho a hurtadillas y se negaban a reconocerlo. Es más, llegue a ver como un par de viejitas lo hacían, y su edad no les restaba pasión. He sido testigo de cómo párrocos y monjas también lo han hecho. En todo este tiempo he aprendido que la edad, condición social, nivel cultural, preferencia sexual o religión, no ha sido impedimento, ¡todos, en algún momento, han pateado un balón!
Todo se sintetiza en una fracción de segundos, en el acto de patear un balón, en desembocar la pasión y el coraje contenido, o simplemente en sentir la sensación de la primera vez. Pero aquello que en los barrios y colonias, representa lo más natural, se convierte en los clubes y deportivos en un negocio de millones de pesos.
Ese paradigma mercantilista vuelve después de cuatro años; y regresa acompañado de un entorno nada halagador para el país anfitrión, que este jueves 12 -en el estadio Arena Corinthians, en Sao Paulo, centro de los poderes económicos de Brasil- presenciara la inauguración del Mundial de Fútbol. Una inauguración a la que se dice, no asistirá Dilma Rouseff, para evitar las manifestaciones.
Y mientras un numeroso grupo de mexicanos presenciaran la ceremonia de inauguración, otro muy selecto grupo de mexicanos estarán terminando las respectivas sesiones legislativa en la Cámara de Diputados y en la Cámara de Senadores, habrá quienes pedirán se agilicen los puntos a tratar y otros tantos –si se prolonga- se saldrán de la sesión para ser testigos distantes de todo lo que ocurre en Brasil.
Solo un día después -el viernes- los mexicanos asistirán al encuentro con la televisión, ese dispositivo que les llevará el primer partido de la “decepción nacional de fútbol” frente a Camerún, en Natal, la capital de Rio Grande del Norte, un estado en el noreste de Brasil.
Y así, nuestro país se verá inmiscuido por un largo tiempo en sesión tras sesión de 90 minutos. En los que jugadores y aficionados, cual enajenados, perderán el contexto de la realidad. Los que van desde México, -el tercer mundo- habrán ahorrado por mucho tiempo o simplemente se endeudaron para asistir al evento usando su tarjeta de crédito o empeñando algunas prendas. Ellos volverán a una realidad, donde pobreza, inseguridad, injusticia, desarrollo social, falta de acceso a la educación, a la salud, a la cultura, a la recreación, son el pan de todos los días.
Volverán a una realidad, donde la luz, el gas, la gasolina, no tendrá el mismo valor que cuando inició la justa mundialista; pero paradójicamente, el salario mínimo será el mismo. Acá en nuestro país, las cosas no cambiarán mucho, los que se quedaron, presenciaran el fútbol por televisión, pero olvidarán su entorno, su realidad. Y después de una larga jornada de trabajo, llegarán a casa para ver en TV quien ganó el partido y las reseñas correspondientes, pero le cambiarán cuando el tema sea las reformas estructurales que ese día se discutieron y tal vez aprobaron.
Y así, el mexicano promedio habrá ganado el balón, pero habrá perdido la realidad, y se actualizará la hipótesis de que "El fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes" tal y como sostenía Arrigo Sacchi Director técnico del AC Milán de los años ochenta.

Por hoy es todo, los invito para que, sin dejar de ver el Mundial, no pierden la realidad. Carpe diem

5 comentarios:

@BarbaraCabrera dijo...

Doctor,

Un texto oportuno y de actualidad. Estamos a dos días de comenzar el mundial y vaya que la situación esta ad hoc ¡de la patada! La diferencia será si logramos que a la par de las quinielas deportivas, también se apueste y trabaje por un mejor país, para rescatar lo que nos queda.

Magnífica #Iusfilosofando.

Un placer leerle e intercambiar puntos de vista.

RAFAEL CHAVEZ TORRES dijo...

atinado y a tiempo

CIRUXMAHA dijo...

Interesante Doctor, estaremos al pendiente de como avanza el congreso con las reformas; ojala y pudieramos hacer algo mas para evitar la desgracia. Saludos

adelaida mejía dijo...

Una reflexión atinada de nuestra realidad como país que se aleja cada vez más del ejercicio de pensar y discernir sobre su propia relidad existencial

adelaida mejía dijo...

Una reflexión atinada de nuestra realidad como país que se aleja cada vez más del ejercicio de pensar y discernir sobre su propia relidad existencial