lunes, 20 de junio de 2011

CIUDADANOS LEGISLADORES

Los legisladores necesitan ciertamente una escuela de moral
Simón Bolívar

En las entregas pasadas de esta columna me he referido al Estado de Derecho y a la Ley. Algunos de sus comentarios a la columna y por twitter hablaban del reto de la ley y como está podía hacer buenos a los hombres y consecuentemente felices.
Ahora bien, si la felicidad hace buenos a los hombres, ¿Quién es el responsable de generar esa felicidad? Me parece que sería un absurdo afirmar que el Estado es el único responsable de hacer felices a los hombres, porque no es así. La felicidad del hombre, me parece que depende de dos factores: el interno y externo. Y en ese sentido el Estado es el responsable de hacer felices de manera externa a los hombres. Para ello el Estado hace leyes. Sin embargo, estas leyes no siempre producen la felicidad al hombre, es más, algunas lo hacen infeliz.
Para trasladarlo a términos actuales, el régimen no busca el bien o la felicidad de la población, sino la subsistencia como tal. No busca la justicia social que es “aquella que proporciona, en primera instancia, una pausa con la cual evaluar los aspectos distributivos de la estructura de la sociedad”. (RAWLS: Teoría de la justicia) Lo que busca más bien es el control a través de la ley o el derecho positivo, que se traduce como la voluntad del Estado o del soberano.
Las normas jurídicas como obligaciones legales enfrentan un problema, que Hart describe de manera muy puntual:
(…) son muy frecuentemente, aunque no siempre, artefactos humanos en el sentido de que pueden ser deliberadamente creadas, por medio de la adecuada acción de los seres humanos y sujetas a varios modos de cambio y manipulación. (HART: Obligación jurídica y obligación moral: 1977)
Desde luego las ideas expresadas por Hart, no están nada fuera de la realidad nacional o de cualquiera entidad federativa. Los casos que pueden ilustrar la afirmación anterior podemos encontrarlos en las ocurrencias legislativas.
En este sentido debemos de entender que la manipulación es:
(…) un ejercicio velado, sinuoso y abusivo del poder. Se presenta en cualquier relación social o campo de la actividad humana, donde la parte dominante se impone a otras en virtud de que éstas carecen de control, conciencia y conocimiento sobre las condiciones de la situación en que se encuentran. (VEGA Manipulación: 2009)
En este caso el régimen manipula las leyes pero también a los legisladores, porque ellos “crean obligaciones y las imponen a otros (y a sí mismos en su capacidad personal), quienes, en consecuencia, están jurídicamente obligados a hacer o abstenerse de hacer ciertas cosas”. (HART)
Un ejemplo de ellos lo vivimos por más de 70 años, en esa relación perversa entre el poder Legislativo y el poder Ejecutivo y de cómo el primero era sometido por el segundo. Como se legislaba ad hoc; la forma en la cual los legisladores asistían ceremoniosamente a levantar la mano y a dormir en la curul.  A postrarse en la inmediatez de quedar bien con el señor presidente porque finalmente era “el gran elector”.
Hoy por fortuna las cosas no son tan sencillas para el “Señor presidente”; no lo es desde el último trienio de Zedillo y no lo fue para nada con el Sr. Fox, quien por más ejercicio de incontinencia verbal, y de orquestar una campaña contra el Poder Legislativo, no logro someterlo.
Pero ¿Que pasa ahora? ¿Los ciudadanos nos quedaremos con las manos cruzadas a esperar a que el Sr. Calderón se erija en el convocante del Legislativo para que se desarrolle un periodo ordinario de sesiones? ¿O quizá que la mayoría legislativa se ponga de acuerdo con los legisladores de Calderón para consensar dicho periodo? ¿Será posible que los ciudadanos puedan participar en la elaboración de las leyes? para Brian Barry hay razones suficientes, que nos llevan a sostener que sí; él afirma:
(...) hay dos razones para afirmar que los individuos con intereses característicos deberían tener derecho a participar en la elaboración de leyes y de otras decisiones colectivas, aunque ello sólo sea indirectamente, mediante la elección de sus representantes. Una es que cada individuo persigue sus propios intereses en materia política y por tanto todo individuo (o en todo caso cualquier grupo de individuos con intereses característicos) que sea excluido del poder será explotado por el resto. La otra razón es que la actividad política implica una discusión dirigida por premisas comunes, y estas son principios de evaluación. (BARRY: La teoría liberal de la justicia: 1993)
Aunque nuestro proceso formal de creación del derecho está considerado en la Constitución, las ideas expuestas por Barry expresan las formas que de facto se dan al momento de construir leyes. El asunto es como nos volvemos ciudadanos más activos, como nos constituimos en actores del cambio de nuestro entorno, no solo quejándonos manifestando nuestras diferencias; sino la forma en como actuamos para influir en los cambios legislativos necesarios.
Elegir a los diputados y senadores y retirarse a dormir el sueño de los espectadores, es una actitud del siglo pasado. Este país no necesita más ciudadanos que sólo se quejen, que lamenten que todos los partidos políticos son iguales; que reproduzcan que siempre ganan los mismos. No necesita de jóvenes que sólo obtengan la credencial de elector como pase para entrar a los bares; tampoco de profesionista o universitarios; o de castos y puros que condenen la política y la tachen de sucia como pretexto para no participar e involucrarse.
Este país necesita ciudadanos legisladores que, desde el papel de empleada, maestra, doctora, estudiante, ama de casa, obrero u otro se atrevan a levantar la voz y a comunicar sus necesidades. Ciudadanos legisladores, que desde su entorno local pugnen por necesidades diarias, cotidianas, comunes pero esenciales. Ciudadanos legisladores, que conozcan lo que realmente ocurre en el país pero desde abajo, no desde la oficina, ni desde el papel maquillado. Este país necesita ciudadanos legisladores que sin hacer campaña, ni ser electos, vigilen a sus legisladores; que les pidan legislar sobre lo necesario.
El cambio necesario es una constante más latente día a día y debe ser tangible por más que algunos sostengan lo contrario; por más que digan que hay un “ejecutivo fuerte” dispuesto a velar por los intereses de la nación. La inacción, la mentira y la hipocresía son tres características de este sexenio, cerrar el telón no es un papel que estoy dispuesto a jugar y los invito a que no lo hagan ustedes tampoco. El país no cambiará por decreto, ni por canonización. Sino a punto de acciones inteligentes que sus ciudadanos estén dispuestos a cometer.
Por hoy es todo nos leemos la próxima. Carpe diem. 

6 comentarios:

La autora de la Columna Nornilandia es dijo...

Totalmente de acuerdo contigo Maestro, para mejorar un poco a este México lindo y Herido necesitamos ciudadanos legisladores. La participación proactiva es un imperativo que muchos han ido postergando pensando que otros tienen que hacerlo.

Un abrazo.

Roberto A. Guiochín dijo...

Samuel: Muy brillante exposición de las razones para asumir un papel ás activo como ciudadanos en la consecución de la condiciones que nos permitan desarrollarnos más plenamente como personas. La función del papel de "ciudadanos legisladores" cierra el círculo con el que abres tu columna, en el que la responsabilidad del estado para proveernos de los factores externos para ser felices tiene que ser normado y supervisado por quienes resultamos beneficiados. Mientras mantengamoa nuestra complacencia actual, seguirá vigente el cómodo papel de víctimas. Es más fácil quejarse que hacer.

Felicidades.

Anónimo dijo...

"ciudadanos legisladores" genial. Pero la apatia política se resiste a terminar, saludos


Laksman

Anónimo dijo...

Yo creo que hay que empezar por cambiar las instituciones donde nos movemos, ahí se atrinchera mucha reacción

Juan Nelson Enríquez

Anónimo dijo...

tu reflexión es completamente acertada, necesitamos legisladores que representen verdaderamente los intereses comunes, pero también es cierto que no podemos ser espectadores una vez que los elegimos.Es difícil hacerse escuchar pero no imposible.

Liz Santibañez

BENITO JUÁREZ - QUETZALCOATL dijo...

La ley la hace quien tiene poder(fuerza, dinero razones)para hacer cumplir su voluntad... los ricos disponen de fuerza y dinero, ¿"razones"? no las tienen, a menos que se se pueda llamar razón a la fuerza, es decir a un ejército que esté apuntándole al "ciudadano" para impedir que salga a la calle a comentar "sus problemas","no salga, respete el Estado de Sitio 'sea razonable'"....