viernes, 15 de febrero de 2013

¿POR QUÉ DESOBEDECER?





En el actual panorama global, en el que predomina el liberalismo y la economía de libre mercado, en el que se promueve, impulsa y defiende un modelo económico que fomenta las desigualdades y genera rebeliones en todo el orbe, los extravíos ideológicos se hacen presentes y la desesperanza se transforma en rebeldía.
Vivimos en un mundo en el que la globalización fulmina toda garantía y promueve el divisionismo e insensibilidad. Un mundo donde el neoliberalismo ve en las entidades nacionales y su cultura un obstáculo que se opone al progreso, donde la economía es prioridad sobre el bienestar social, y en donde los derroteros económicos mundiales transgreden los logros sociales constitucionales.
En nuestro contexto nacional el México de un solo régimen, hizo que unos pocos tengan mucho y unos muchos tengan poco o nada. Las políticas de las últimas décadas han creado desigualdades irreversibles y varias generaciones han visto frustradas sus expectativas de desarrollo. Fuimos testigos que la alternancia política entre un partido y otro no significo una transformación radical en favor del bienestar de los mexicanos que menos tienen.
Lamentablemente los dos sexenios de la alternancia mantuvieron o poco lograron hacer contra la falta de acceso a la educación, a los servicios de salud, a mejores condiciones de vivienda, a los índices de pobreza alimentaria; y por el contrario el tema de la seguridad pública paso a ser una de la prioridades de los mexicanos, pues la violencia y la cantidad de muertos del último sexenio nos situaron como el país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo.
Por otra parte, y contrario a lo que se pensaban, la globalización ha traído desigualdades, miseria, segregación y movimientos nacionalistas que pugnan por identidades culturales propias y cuya bandera de lucha es el respeto a sus derechos  y dignidad humanas.
Las pocas ventajas tecnológicas que la globalización ha impulsado se han quedado en manos de unos pocos y el acceso a internet como derecho humano se regatea.
En este contexto el respeto de los Derechos Humanos y el establecimiento de procedimientos jurisdiccionales u otros mecanismos para garantizar tales derechos a todos los ciudadanos, y para controlar la actuación pública a la luz de dichos derechos y sobre la base del rule of law, constituyen la fuente de legitimidad. Pero a veces esta relación de legitimidad se rompe cuando atendiendo a derroteros internacionales se vulneran derechos nacionales producto de luchas históricas propios de las necesidades del país.
Bajo un escenario así se hace necesaria la inclusión de una figura que proteja a la sociedad de las transformaciones legislativas que buscan generar un Estado más ligero, que deje en manos de particulares el cobro de lo que antes era un derecho.
Por eso, es necesario desobedecer, pero hacerlo con fundamento en principios constitucionales plasmados en nuestra carta magna que nos dan la libertad y el fundamento para hacerlo.
Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.


1 comentario:

Desde la redacción de Columna Nornilandia dijo...

Maestro:

Un texto reflexivo y oportuno para la situación imperante.

Me uno al club de desobedientes.

Un placer leerle.