viernes, 22 de febrero de 2013

NO CONFORMARNOS




“Un pueblo que no abusa jamás del gobierno. No abusaría jamás de su independencia. Un pueblo que gobernara siempre bien. No tendría necesidad de ser gobernado”
Rousseau

Juan Jacobo Rousseau es uno de los pensadores del siglo XVIII, que inspiró movimientos revolucionarios, no solo en Europa sino en otras partes del mundo durante la segunda mitad del siglo XVIII.
Nacido en 1712 en una república protestante, donde se afirmaba que el pueblo era soberano, que tenía Constitución y que existían derechos igualitarios, pero donde la voluntad del poder de unas pocas familias se imponía.
Rousseau se fija la tarea de hablar del contrato social y abordar el tema transversal de la soberanía, sobre esta sostiene que:
(…) no puede ser representada por la misma razón de ser inalienable; consiste esencialmente en la voluntad general y la voluntad no se representa: es una o es otra. Los diputados del pueblo, pues, no son ni pueden ser sus representantes, son únicamente sus comisarios y no pueden resolver nada definitivamente. Toda ley que el pueblo en persona no ratifica, es nula.
Esta idea sostenida hace más de tres siglos parece seguir vigente, como parece seguir vigente la necesidad de una sociedad que esté al pendiente de sus representantes; no dejar en manos de pocos lo que le corresponde a todos.
Cuando los ciudadanos votamos y nos vamos al sillón del conformismo; partidos y políticos -como Jorge Emilio González que hoy ostenta una curul en el Senado y que charoleó para no ser detenido en estado etílico o como Andrés Grarnier exgobernador tabasqueño a cuya hija se le detectaron 3 mil millones de pesos- tienen cancha disponible para manejar a discreción recursos, posiciones y toma de decisiones que nos afectan a todos.
El México de hoy, requiere no conformarnos con el tipo de partidos que tenemos, con la política que practican o con los actores que postulan, ello es un mandato cívico superior.
Si queremos un país diferente, es necesario no conformarnos  y dejar que los caciques locales sigan imponiendo su voluntad a través de los tribunales locales; ello es también una responsabilidad cívica de todos, pero sobre todo de quienes fuimos formados en la ciencia jurídica.
Hagamos la tarea que nos corresponde, no conformarnos es un primer paso en la construcción de una nación distinta, incluyente,  plural, con posibilidades de desarrollo y con derechos vigentes para todos.
Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.

1 comentario:

Desde la redacción de Columna Nornilandia dijo...

Maestro:

Magnífica columna la de este día.
Suscribo en su totalidad lo dicho, es imperativo no conformarnos, es urgente que los que faltan se levante de su cómodo sillón de status quo, solo así veremos y lograremos provocar un cambio.

Un placer leerle.