martes, 9 de abril de 2013

ADIÓS A LA TORY






“Nadie recordaría al buen samaritano, si además de buenas intenciones no hubiera tenido dinero.”
Margaret H. Thatcher

Nacida en Grantham, 13 de octubre de 1925 Margaret Hilda Thatcher, de origen medio pero que conoce el valor del dinero, -tal y como lo refleja en la frase de entrada- estudió en la Universidad de Oxford la carrera de Química, y después Derecho. Esta profesión fue la que le ayudo a involucrarse en política y ser elegida en 1959, integrante del parlamento.
Sus relaciones políticas la llevaron a ocupar el cargo de Subsecretaria de Pensiones en el Gobierno de Harold McMillan (1957-63) y luego ministra de Educación de 1970 a 1974.
Su ascenso al poder en Gran Bretaña en 1979, ocurrió en un momento en que ese país estaba en crisis, pues persistían las huelgas obreras, principalmente en el sector minero, y la economía tenía una fuerte presencia del Estado.
El mote de Dama de Hierro surgió a raíz de que Pravda –el diario oficial del Partido Comunista de la Unión Soviética– se refirió a así a ella aludiendo a su estilo intolerante, intransigente, rígido y agresivo.
El modelo económico que siguió la Tory (conservadora) fue el de los postulados del monetarismo de Friedrich A. Hayek y Milton Friedman, es decir, el neoliberalismo puro para un país que estaba en crisis. Así las reformas hicieron que el Estado dejara de lado algunas de sus intervenciones en determinadas prestaciones sociales y económicas.
El thatcherismo se caracterizó por la privatización de industrias estatales y el transporte público, la reforma de los sindicatos, la reducción de impuestos, reducción del gasto público, flexibilidad laboral, disminución de prestaciones sociales, reducción del número de empleados públicos.
Este escenario la hacía impopular, y a punto de perder el poder, pero en 1982, con la utilización del nacionalismo y en el contexto de la llamada guerra de las Malvinas, de Gran Bretaña contra Argentina, la victoria de los ingleses le permitió a Thatcher reelegirse en 1983.
Gran parte del salto internacional de Thatcher fue gracias a que coincidió con el ascenso al poder del actor y político de la derecha radical estadunidense, el republicano Ronald Reagan, quien estuvo en el poder de 1981 a 1989; así se fortaleció la alianza contra el bloque socialista y la difusión las políticas neoliberales.
La política neoliberal también se aplicó en EEUU, hubo un aumento de la desocupación y una gran cantidad de pequeñas y medianas empresas cerraron, pero el poderío económico y la economía de guerra de ese país, no trajeron las desastrosas consecuencias del modelo neoliberal que si afectaron a Latinoamérica y particularmente a nuestro país y a nuestra generación, somos la generación de la crisis, no hay que olvidarlo.
La Tory, fue reelegida para un tercer mandato en 1987, cuando casi había acabado con los sindicatos, se había enfrentado al Ejercito Republicano Irlandés (IRA por siglas en ingles), -quien ya había tratado de asesinarla- y se había peleado con media Europa.
Solo pasaron tres años de su reelección cuando los enfrentamientos policiales con el sindicato minero y las manifestaciones en la plaza de Trafalgar, tras la aplicación de un impuesto local la llevaron a su renuncia en 1990.
Pero la polémica mujer no descansó, en 1999, se involucró en las gestiones para liberar a Augusto Pinochet, quien la había apoyado logísticamente para combatir a los argentinos en 1982. Favor con favor se paga, también para la frialdad de los ingleses.
Pero la historia es dura, así pues Thatcher, -la Tory- murió ayer en la capital británica a los 87 años, a consecuencia de un derrame cerebral. Y tanto el gobierno como la Corona no harán los grandes honores, no al estilo de Churchill con quien se le llegó a comparar. Solo los fanáticos del conservadurismo atroz y los neoliberales tendrán un cuadro de ella por simple nostalgia o ignorancia de la historia.
Por hoy es todo, nos leemos la próxima, carpe diem.

1 comentario:

@BarbaraCabrera dijo...

Una Iusfilofando contundente que proporciona elementos para no olvidar, para no vanagloriar a quien hizo daño a un país.

¡Excelente texto analítico!

Un placer leerle.