martes, 17 de diciembre de 2013

REFORMAS ESTRUCTURALES




 “Ahora resulta, que las reformas estructurales son tan eficientes que de un plumazo, nos quitan soberanía, libertad e independencia, y todavía tenemos que agradecer por ellas”.

 En mi anterior columna ¿QUÉ SIGUE? (http://bit.ly/19HdHX2) sostuve que “Desde principios de los años ochenta, con la llegada de los neoliberales al poder, la generación nacida en los años setenta ha sido la más afectada con las reformas estructurales que el país vive.”
Estas reformas estructurales (reformas al andamiaje de la Constitución, a petición o por sugerencia de los organismos internacionales) han sido operadas fundamentalmente por el PRI; pues aunque en los doce años del PAN se pretendió impulsarlas, no consiguió los apoyos necesarios.
Un dato relevante para entender las reformas estructurales es comprender cuales ha vivido el país. Trejo Ramírez y Andrade Robles -Evolución y desarrollo de las reformas estructurales en México (1982-2012)- hablan de las tres generaciones de reformas estructurales. Y las sitúan de la siguiente manera: las de primera generación, que se ubican de 1984 a 1994; las de segunda generación, que van de 1996 a 2006; y las de tercera generación, son las que se acaban de aprobar y las que están pendientes.
La primera generación, tuvo como objetivo “estabilizar la economía e impulsarla hacia el crecimiento, lo cual implicó en un primer momento promover cambios importantes en el papel que el Estado había jugado”. Es decir, una menor participación del Estado en la economía y dejar libre el paso al capital privado nacional e internacional. Recuerdan estos famosos pactos: Programa Inmediato de Reordenación Económica (PIRE); Programa Extendido de Reordenación Económica (PERE); Programa de Aliento y Crecimiento (PAC); Pacto de Solidaridad Económica (PSE) y Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento Económico (PECE).
Las de segunda generación, pretendieron continuar “manteniendo” el crecimiento económico sostenido a largo plazo, para ello se profundizó la apertura comercial, para ello se formaron tratados comerciales, el famoso TLC. Y sostienen Trejo Ramírez y Andrade Robles, para apuntalar dichas reformas se firmaron programas a corto plazo entre ellos “–Pacto para el Bienestar, la Estabilidad y el Crecimiento (PBEC); Acuerdo de Unidad Para Superar la Emergencia Económica (AUSEE); Programa para Reforzar el Acuerdo de Emergencia Económica (PARAUSEE)-“.
Las de tercera generación, son las que se acaban de aprobar, ahora con el regreso del Revolucionario Institucional se desempolvan los viejos proyectos para “modernizar al país”. Las reformas que integran dicho cóctel neoliberal son las ya aprobadas: la reforma laboral, la fiscal, la educativa y la energética.
Pero parece que la historia no termina ahí, porque aún hay patria que vender, soberanía que entregar. La agenda legislativa del próximo año se integrará con las iniciativas de leyes reglamentarias, que las asambleas priístas y operadores de Los Pinos envíen al Congreso de la Unión para cumplimentar dichas reformas.
La reforma energética aprobada al vapor la semana anterior por el Congreso de la Unión y las legislaturas locales, no hubieran sido posible si se hubiera respetado el procedimiento legislativo; no hubiera sido posible si este país tuviera una izquierda parlamentaria digna -aclaro si hay parlamentarios dignos de su cargo- y ciudadanos que coman menos fútbol y más Constitución.


Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.

1 comentario:

@BarbaraCabrera dijo...

Magnífico texto Doctor, coincido con su análisis.

Este país no saldrá adelante mientras las mentes que se supone deben estar prestas a pensar, solo consumen y viven a través del futbol y de cuanto programa y pasquines le son suministrados.

Un placer leerlo en su #Iusfilosofando e intercambiar puntos de vista.