martes, 15 de abril de 2014

MALAS CONCIENCIAS




El propósito principal de la sociedad política es proteger los derechos. De esta forma el gobierno está estrictamente limitado y cumple con una función: proteger a la sociedad sin interferir en la vida de los individuos. O al menos eso es lo que pensamos en un sentido estricto, acerca de las funciones que debería de jugar en una sociedad democrática.
El poder del gobierno está basado totalmente en los poderes que le transfirieron los individuos, es decir, su poder tiene origen y queda supeditado al contrato que hicieron estos para conformar la sociedad civil y política. No obstante, si el gobernante se vuelve un tirano, el pacto se rompe.
Un gobierno que no deja recursos abiertos a sus ciudadanos, para la acción, la organización, la crítica o el disenso, los obliga a considerarlo injusto y con derecho a recurrir ante instancias que hagan valer sus derechos fundamentales.
Mario Stoppino tiene una apreciación sobre lo que el poder representa, al ubicarlo: Como fenómeno social el p. es una relación entre hombres. Y se debe inmediatamente añadir que se trata de una relación triádica. Para definir un cierto p., no basta especificar la persona o el grupo que lo retiene y la persona o el grupo al que están sometidos: hay que determinar también la esfera de actividades a la cual el p. se refiere, es decir la esfera del p. (STOPPINO, “Poder. En Diccionario de política, BOBBIO)
Empero, más allá de la comprensión aislada del concepto de poder, es necesario dar referencia práctica de lo que implica la expresión factores reales de poder, en el contexto de nuestro estado nacional, en el sentido que Lasalle lo expresaba.
Y esta idea va muy de la mano con lo ocurrido recientemente con el caso de Denise Dresser, quien fue intimidada por escribir una columna titulada “Cloaca abierta”, publicada el  31 de marzo en el periódico Reforma. En el que retoma una investigación publicada por The New York Times, cuyos autores, Craig Pyes y Sam Dillon, obtuvieron el premio Pulitzer por revelar información de inteligencia donde Manlio Fabio Beltrones (hoy diputado y coordinador de la bancada del PRI en la Cámara de Diputados) habría brindado protección a narcotraficantes en Sonora cuando fue gobernador de ese Estado.
De acuerdo con la organización Artículo 19, el Coordinador de Comunicación Social del Grupo Parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados, Jesús Anaya, emprendió una campaña de desinformación y de desprestigio contra Dresser. Para Anaya “el artículo está elaborado sobre mentiras o versiones falsas, interesadas y sin sustento.”
No es raro que el “nuevo PRI” –viejísimo en realidad- utilice las mismas estrategias para atacar, denostar, intimidar, descalificar a quienes rodean al disidente, e incluso involucrar asuntos personales para descalificar al no alineado en el momento en que sea necesario. Tampoco es raro que el “nuevo PRI” recurra a sus vasallos en diferentes medios, para salir en defensa del cuestionable personaje.
En fin, las malas conciencias vuelven al ataque,  los dinosaurios sacan sus garras para atacar a quien los cuestiona políticamente, exhibe su pobreza intelectual y expone sus antecedentes antisociales. Vale la pena no dejar del lado este caso, quienes conocemos la trayectoria de la Doctora Dresser, sabemos su valía académica y de su profesionalismo periodístico.
Es el momento de respaldar a quienes informan a la sociedad, de quienes comparten datos de interés para contribuir a una mejor participación cívica. A quienes en congruencia no callan lo evidente. Mi solidaridad con Denise.

Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.

1 comentario:

@BarbaraCabrera dijo...

Doctor, un texto necesario e interesante. No cabe duda que los políticos de la prehistoria suelen albergar miedos del tamaño de sus corruptelas.

¡Bien por Denise, bien por ti por aportar datos críticos y argumentativos para esa desmemoria!

Un placer leerte.