martes, 1 de abril de 2014

PAZ Y EL DEBER INTELECTUAL



“Respecto del desarrollo del curso histórico,
los intelectuales a veces están adelantados,
a veces están atrasados, raramente están a tiempo”.
Bobbio

Conmemoramos ayer 31 de marzo el centenario del natalicio de Octavio Paz Lozano, quien murió el 19 de abril de 1998 en la Casa de Alvarado, Ciudad de México. Paz había sido trasladado ahí por la presidencia de la República en enero de 1997, ya en condiciones de enfermedad. Quizá como un obsequio por los servicios de apoyo moral que Paz había otorgado al sexenio Salinas y parte del Zedillista.
Sobre Octavio se puede decir mucho, destacar su poesía, sus momentos, su tragedia, sus obras sobre la realidad política mexicana en textos como El laberinto de la soledad (1950), Posdata (1970), El ogro filantrópico (1979) o Pequeña crónica de grandes días (1990).
No obstante,  si bien es cierto que a Paz Lozano se le recuerda y ensalza por su renuncia tras la masacre del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco y dejar clara su posición con el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. Pocos recuerdan la última parte de la vida de Paz. Al menos la última década.
Después de las históricas y polémicas elecciones de 1988, en agosto de ese mismo año Paz sostenía: “(…) los líderes de la oposición buscan la derrota total, la aniquilación política de sus antagonistas. No son partidarios de una transición –o sea: una evolución gradual y pacífica, como pedimos algunos desde 1969- sino de un cambio brusco, instantáneo. Lo más curioso es que ninguno de los dos puede afirmar seriamente que la mayoría de los mexicanos apoya su pretensión.” En una clara defensa al gobierno que iniciaba y al régimen al cual años antes le había renunciado como embajador.
Las respuestas no tardaron en aparecer, la más contundente fue la de Luz Javier Garrido: “El régimen mexicano es el único en el mundo en el que un partido presuntamente derrotado en las elecciones (el PRI) le exige al probable vencedor (el FDN) que negocie con él y se someta a su programa. Es también el de México el caso insólito en el que los intelectuales juegan un papel relevante en el proceso electoral  como correas de transmisión del poder, llamando a la transacción a los vencidos, argumentando la imposibilidad de la alternancia e incluso anunciando una posible represión de insistir éstos en la defensa de la legalidad” (“Neblumo”, La Jornada 19 de agosto de 1988)
En los siguientes dos párrafos sólo citaré a Paz para dar contexto sobre su posición sobre el régimen del momento, en su artículo para La Jornada, (Ante un presente incierto. Historias de ayer. Entre luz: ¿alba o crepúsculo?) Paz escribía en 1998 sobre el PRI: “para sobrevivir, el PRI debe cambiar radical y sustancialmente. Ante todo, tiene que independizarse del gobierno; sólo así podrá convertirse en lo que tendría que ser: un partido socialdemócrata  de centro-izquierda”.
Paz no se detuvo ahí, un sexenio después afirmaba: “El PRI no se ostenta como el dueño de una ideología global, un saber universal y enciclopédico que comprende todas las ciencias y las artes, como en los países comunistas. Tampoco ha intentado convertir a la sociedad en su imagen; al contrario, bajo su régimen la sociedad ha crecido, se ha diversificado y se muestra más y más independiente, mientras que en los países donde el Partido-Estado ha sido la realidad omnipresente se aniquilaron clases y pueblos enteros”, (Las elecciones de 1994: doble mandato, publicado en Vuelta en octubre de 1994.)

Así se consolidaba la critica que se le hacía al poeta, el de haberse convertido en la comparsa intelectual de un régimen, hegemónico, que fulminaba a quien disentía y que estaba dispuesto a dejar el poder como había llegado “por las armas” tal cual sostenía Fidel Velázquez; Paz no era el de 1968, había perdido su deber intelectual de crítica al poder.

1 comentario:

@BarbaraCabrera dijo...

Doctor, muy buen texto el que nos presenta esta semana en #Iusfilosofando. A propósito del centenario del nacimiento de Octavio Paz.
Muy oportuno para la desmemoria.
Un gusto leerlo.