martes, 1 de julio de 2014

POBRE MÉXICO



Ya entrados en menos, los mexicanos fanáticos del fútbol, crédulos del establishment, escépticos de su realidad social, dóciles de su crudeza económica y temerosos de la seguridad pública, regresan al México verdadero, ese que no detiene su ola de violencia, ese que no cesa de actos de corrupción, ese donde el gobierno no repara en callar a quien se atreve a cuestionar su “gobierno”. Ese que administra programas de combate a la pobreza, para mantener miserables a los pobres.
El fin de semana – tras la derrota de la selección de fútbol- presenciamos playeras mojadas de sudor, rostros cubiertos de lágrimas, caras reconstruidas por desilusiones y gritos inspirados en la rabia, manifestaciones de desconcierto, posiciones de enojo, declaraciones de tristeza bañadas en impotencia y al final todo por una ilusión.
De esta forma,  inspirados en una fantasía, algunos mexicanos creían se le ganaría a Holanda y otros estaban seguros que México saldría avante. La realidad fue distinta y los mariachis callaron, porque quizá, lo digo en letras altas, LA SELECCIÓN SEA EL REFLEJO DEL PAÍS QUE VIVIMOS. Existen mexicanos que tras un gol, se repliegan, se confían; mexicanos que se autoengañan al pensar que el adversario se rendirá, mexicanos que se encogen frente al extranjero, mexicanos que exponen la idiosincrasia típica del derrotado. Mexicanos que culpan al “otro” de nuestras desgracias.
Y es que como decía Octavio Paz: “El lenguaje popular refleja hasta qué punto nos defendemos del exterior: el ideal de la “hombría” consiste en no “rajarse” nunca. Los que se abren son cobardes. Para nosotros, contrariamente a lo que ocurre con otros pueblos, abrirse es una debilidad o una traición. El mexicano puede doblarse, humillarse, “agacharse”, pero no “rajarse” (…) (Cfr. El laberinto de la soledad).
Así, ya en la realidad de este pobre México, encontramos a mexicanos que lloran por una derrota de fútbol, pero son indiferentes ante la desgracia de los niños muertos en la guardería ABC. Atestiguamos a mexicanos que descalificación al árbitro fútbolero pero hacen mutis contra el árbitro electoral. Mexicanos que exigen se repita el partido por la jugada mañosa de un holandés, pero que pidieron no se hablara más de la dudosa elección de 2012.
Pobre México con ciudadanos que gastaron más para ir al mundial, que en educación. Pobre México cuyos políticos o hijos de estos que hicieron gala de lo impune que es la clase política en este país. Pobre México cuyos ciudadanos lloran como pamboleros, lo que no supieron defender como mexicanos. Y no es que no me guste el fútbol, pero no quiero ganar el balón y perder mi realidad.
Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.


2 comentarios:

@BarbaraCabrera dijo...

Muy buen texto Doctor, coincido con su percepción y la aplaudo. Me quedo y resalto lo que refiere “Pobre México cuyos ciudadanos lloran como pamboleros, lo que no supieron defender como mexicanos”
A mi, me duele el México y por eso trabajo todos los días de manera consecuente para desde mi trinchera, provocar un cambio.
Un placer leerlo e intercambiar puntos de vista.

CIRUXMAHA dijo...

Existen algunos mexicanos que asi se las gastan y otros que no reflejan cierto desinteres a la palatria y ni se preocupan por informarse.