lunes, 28 de julio de 2014

REALIDAD Y DESOBEDIENCIA





Sin desarrollo nacional no hay bienestar ni progreso. Cuando hay miseria y atraso en un país, no solo sucumben la libertad y la democracia, sino que corre peligro la soberanía nacional.
Arturo Frondizi

Ahora que las reformas estructurales terminan por consolidarse en nuestro país como política neoliberal, donde los más desfavorecidos seguirán en condiciones de desigualdad y las oportunidades de desarrollo se verán limitadas generacionalmente, parece que una de las alternativas que pudieran ejercer los ciudadanos que se oponen a dichas políticas es la desobediencia civil.
La primera aparición pública del término desobediencia civil, tuvo lugar a mediados del siglo XIX, con el escrito de Henry David Thoreau que llevaba por título precisamente Desobediencia Civil. Pero quizá como señala Pérez Bermejo ("La justificación de la desobediencia”. Tomo II, Ediciones King Tree, España, 1998) aun cuando Thoreau definió su acción como desobediencia civil, el significado contextual en que lo planteó se refería más bien como a lo que hoy conocemos como el derecho a la objeción de conciencia.
Mohandas Karamchand Gandhi definió su movimiento no como desobediencia civil sino como Satyagraha (No violencia), que es un rasgo implícito de ésta; y aunque Gandhi reconoció su deuda con Thoreau, estableció la diferencia entre su movimiento y la acción y pensamiento del norteamericano. El propósito de Gandhi no fue reivindicar los principios básicos de la Constitución política vigente, sino derrocar todo el poder político del colonialismo inglés y, con ello, liquidar no sólo la Constitución, sino toda una forma de vida.
Martín Luther King en Estados Unidos, inició una lucha contra la discriminación racial y el movimiento pro derechos civiles entre los años 1950 y 1960 que se consolidó un movimiento de desobediencia cuestionando así los valores políticos heredados y los poderes políticos. “Se trataba de sustituir los principios políticos fundamentales por otros completamente novedosos, una lucha anti-sistema”. (cfr. PÉREZ Bermejo).
Como podemos observar en los casos anteriores; la desobediencia jugo un papel fundamental de cambio social, y parece ser que en los casos que enfrentamos, la desobediencia no solo debe ocuparse de cuestionar los fundamentos de orden constitucional, sino las contradicciones internas del sistema, de esta forma la desobediencia puede modificar la posición de los legisladores respecto de las leyes y políticas contrarias a la Constitución y su tema central: la soberanía.
Estemos atentos a las reacciones sociales consecuencia de la insensibilidad de los legisladores que aprueban sin mediar debate alguno, las reformas a la Constitución.

Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.

2 comentarios:

@BarbaraCabrera dijo...

Doctor:

Un texto adecuado e ilustrativo para la realidad que estamos viviendo y lo que tendremos que enfrentar.
Gracias por compartir. Un placer leerlo.

Anónimo dijo...

Que buena columna nos comparte Doctor, hace falta muchos ciudadanos conscientes para construir un mejor país.

Lectorcita