martes, 18 de diciembre de 2012

DERECHOS HUMANOS Y MÉXICO EN PAZ




El actual texto del título primero, capítulo I, de la Constitución de 1917, es producto de aproximadamente 92 reformas, realizadas desde entonces al año 2010, respecto a los 29 artículos que lo integran. La mayoría de las reformas han sido llevadas a cabo en las últimas tres décadas, que coinciden con el inicio de la etapa en que nuestro país comenzó a ratificar tratados internacionales en materia de derechos humanos.
Durante los años del viejo PRI México sostuvo una posición ambigua ante la agenda internacional de los derechos humanos: por un lado de respaldo y exaltación en el discurso; y por otra, en la práctica resistente y obstruccionista.
El régimen estuvo dispuesto a promover solamente el multilateralismo tradicional que subrayaba la defensa de los intereses y los derechos de los Estados-nacionales, colocando la soberanía y la no intervención como ejes rectores de la cooperación internacional en materia de derechos humanos, entendiendo de esta forma que nadie se metería con él.
En 1986 y en 1990, respectivamente, Amnistía Internacional y Human Rights Watch emitieron informes sobre la situación de los derechos humanos en México, con resultados no muy agradables para el país. Fue así que a finales de los años ochenta el tema de los derechos humanos había logrado suficiente audiencia pública en el plano nacional, e internacional.
Por esas razones Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) fue obligado en la práctica a dar crear en junio de 1990 la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), inspirada en la figura del defensor del pueblo u ombudsman. Dos años más tarde en 1992, la CNDH fue elevada a rango constitucional y se mandató la creación de comisiones locales en todos los estados de la República.
No obstante a más de 20 años de existencia de órganos protectores de derechos humanos el tema sigue siendo materia de discurso, reformas y programas. Tan solo en los últimos seis años, el respeto a las garantías individuales se vio gravemente afectado por la participación de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública, de esta forma se duplicaron el número de quejas por atentados a la vida, desapariciones forzadas, cateos ilegales, torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes.
En este contexto la tercera línea de lo que Enrique Peña llama México en Paz, señala: “Para la protección y respeto a los Derechos Humanos se pondrá en marcha un Programa Nacional de Derechos Humanos, que fortalezca las áreas del gobierno en esta materia, y se creará la instancia federal que dé seguimiento a la instrumentación de la Reforma de derechos humanos”.
Lo relevante de esta afirmación, es que se repiten las mismas intenciones que Felipe Calderón sostuvo como discurso al inicio de su sexenio, “ser un gobierno que promoviera el respeto a los derechos humanos”. Peña habla de un Programa Nacional de Derechos Humanos, y de crear una instancia federal que dé seguimiento a la instrumentación de la reformas. Con dicho anuncio pareciera que quiere burocratizar aún más la defensa de los derechos humanos y esto no es nada bueno, sobre todo cuando aún hay pendientes en la materia; uno grave, es el de los manifestantes detenidos el 1D y que desde luego no son los mismos que hicieron los destrozos que las televisoras transmitieron.
Gran pendiente el tema de derechos humanos, estemos pendientes. Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.

1 comentario:

Desde la redacción de Columna Nornilandia dijo...

Maestro:

¡Magnífico texto de análisis el que hoy nos presenta! Definitivamente a mayor corrupción, mayor número de instituciones y dependencias. Los derechos humanos no podían ser la excepción.

Lamentable la corta visión de este gobierno que pretende a través de superestructuras y burocracias en exceso resolver los grandes problemas nacionales.

No estoy de acuerdo en que mis impuestos se destinen a ello.

Un placer leerle.