martes, 3 de septiembre de 2013

EL “PRESIDENTE” HA MUERTO




Aunque existen algunos análisis que sostienen que volvió el día del presidente, no estoy muy de acuerdo con esa visión, todo lo contrario, me parece que no regreso el día del presidente sino que el “presidente” mismo se suicidó.
Paso a fundamentar, establece la Constitución en su artículo 69 que “En la apertura de Sesiones Ordinarias del Primer Periodo de cada año de ejercicio del Congreso, el Presidente de la República presentará un informe por escrito, en el que manifieste el estado general que guarda la Administración Pública del país”.
Es decir, el informe que debe de presentar el ejecutivo versará sobre las actividades, obras, programas, políticas y resultados del país en las distintas esferas, la económica, la política, de salud, de seguridad, de educación, de empleo, desarrollo social, materia internacional, entre otros.
Vale recordar que el primer informe presentado al Congreso mexicano fue el de José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix, mejor conocido como Guadalupe Victoria, presentado el 1 de enero de 1825.
Los informes presidenciales, tal y como los conocimos, -los cuasiimperiales- fueron inaugurados por Adolfo de la Huerta, quien decidió trasladarse en automóvil a la Cámara de Diputados y se desplegó así la adulación masiva en las calles. Pero el primer informe mediático fue el Miguel Alemán Valdés en 1952, ya que fue televisado.
Nada de eso vimos el 1 de septiembre; aún con el control del Congreso, Enrique Peña no fue con los representantes de la nación, para desde ahí dar su mensaje con motivo de su informe. Con un cerco doblemente amurallado –por policía y militares por un lado y manifestantes por otra- Miguel Ángel Osorio Chong fue en su representación y entregó el informe apenas de 9 meses.
Enrique Peña, no pudo proyectarse en “el día del presidente”, no lo hizo porque su agenda es bastante complicada, no utilizó su mayoría para entrar al Congreso, no fue a dar la cara como lo había prometido en campaña, “a debatir con la oposición”.
El 1 de septiembre, Peña Nieto se dio un disparo en la cabeza, se suicidó. Utilizó su mayoría para aprobar la Ley General sobre Evaluación Docente. Prefirió ceder el “día del presidente” a la Cámara de Diputados que en el uso de sus facultades aprobaba una cuestionada ley.
Peña arrinconado en Los Pinos, encerrado, sin reflectores, en la soledad de la silla del águila, solo atinó a decir vía Twitter: “Escuché con atención los posicionamientos de los grupos parlamentarios, que reflejan la pluralidad de México”. Eso fue todo en el “día del presidente”.
La pregunta es ¿Aún con su mayoría legislativa Peña vivirá la desgracia de no pararse en el Poder Legislativo tal como sucedió con Vicente Fox y Felipe Calderón? El “Presidente” ha muerto. La fiesta de un día después solo es formalismo.
Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.


1 comentario:

@BarbaraCabrera dijo...

Sin duda Doctor, este #MéxicoLindoyHerido lejos, muy lejos esta de festejar ese anquilosado “Día del Presidente”, aunque por ahí los estruendos de aplaudidores y quienes practican el insalubre besamanos se afanen en retornar.

Confío en que cada vez seamos más los ciudadanos proactivos y exigentes y no permitamos que ello ocurra y retorne.

¡Vamos hacia una rendición de cuentas que deje de ser una simulación!

Magnífica columna. Un placer leerlo.