martes, 15 de octubre de 2013

REPÚBLICA Y RESISTENCIA



México, según nuestra Constitución, se ha constituido como “una República representativa, democrática, laica, federal, compuesta de Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental”. (Artículo 40.)
La República es entonces, más que un concepto una forma de vivir, como señala Ubiarco Maldonado:
La República significa que niños, adolescentes y adultos, vivan en un ambiente cordial, en donde se respeten sus derechos humanos, sus garantías individuales, sus garantías sociales, sus derechos electorales, esto es una República” (El federalismo en México…, 2011)
Bobbio, sobre la República, sostiene que:
La naturaleza de un gobierno deriva de su estructura, esto es, de la constitución que regula en cierto modo, que cambia de forma a forma, quién gobierna y de qué manera (Teoría de las formas de… 2003)
Partiendo de la idea de Bobbio, es la Constitución, -como vimos al inicio- la madre rectora de la vida de nuestro país; por eso, al momento de su reforma debe tenerse especial cuidado de no vulnerar esencialmente el espíritu del constituyente.
Como sabemos, las grandes revoluciones del siglo XVIII arrojaron los primeros documentos propiamente “constitucionales”. Es decir, los primeros textos políticos y jurídicos en los que la protección de los derechos quedaba garantizada mediante el instrumento idóneo para lograrlo: la separación de los poderes del Estado.
Por eso el debate que se da actualmente entorno a las reformas estructurales no debe de asustar a nadie, que haya propuestas y contrapropuestas entorno a las iniciativas presentadas por el señor Enrique Peña, solo fortalecen esta idea de República.
Montesquieu parece darnos la razón cuando afirma “todo hombre que tiene poder siente inclinación de abusar de él, yendo hasta donde encuentra límites... Para que no se pueda abusar del poder, es preciso que, por disposición de las cosas, que el poder frene al poder”. (Del espíritu de las leyes)
De ahí que la desobediencia civil, sea un ejercicio de resistencia, pues establece una relación entre el Derecho y la actividad político-legislativa, teniendo como fundamento la ética o la moral pública; lo cual, pese a la ignorancia o malicia de algunos críticos de quien protesta, es decir el desobediente civil, pese a combatir el derecho, no se desliga en absoluto del mismo pues fundamenta su causa en principios constitucionales.
Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.


1 comentario:

@BarbaraCabrera dijo...

Doctor, interesante texto. Resulta de un aprendizaje ineludible que debe llevar al debate académico-político-ciudadano para provocar conciencia respecto a cuanto pasa en este país, sin olvidar o dejar de lado su contexto de mundialización.

Un placer leerle.