martes, 29 de octubre de 2013

DOLOROSO MICHOACÁN



El día de ayer tuve oportunidad de desayunar con exalumnos que viven o vivían en Michoacán y aunque el objetivo no era hablar de lo que ocurre en ese Estado, fue inevitable referirse a los hechos ocurridos.
Uno de los comensales expresó su temor por lo ocurrido, por su familia que vive allá, describe como la zona caliente es prácticamente una zona fuera del control del gobierno.
Hace algunos años tuve oportunidad de recorrer por motivos académicos y de recreación parte del Michoacán y visitar municipios de la zona que hoy está bajo control del crimen organizado, desde luego que ese territorio no es el mismo de hoy.
Hubo una expresión que me regresó 19 años en la historia de este país. En 1994 mi reunión con estudiantes universitarios de Chiapas que vivían en la zona de conflicto, donde uno de los participantes nos dijo a los ahí reunidos “todos los días nos despedidos de nuestros familiares, no sabemos si vamos a volver a verlos, si vamos a regresar con vida a nuestra casa”. Ayer volvía a escuchar la misma expresión, pero esta vez con gente de Michoacán
Coincidentemente el ataque del fin de semana se da con el regreso del longevo, desgastado e intrascendente personaje habilitado como gobernador  Fausto Vallejo. Y eso hace más suspicaz la versión que hoy retoma la prensa y que alguien comentaba hace algunos meses, el supuesto vínculo familiar de Jesús Reyna y  Servando Gómez, “La Tuta”, líder de “Los Caballeros Templarios”.
Las voces que llaman a la desaparición de poderes pueden ser cuestionadas o aplaudidas, lo cierto es que en Michoacán las cosas no han regresado a la normalidad desde hace mucho; no cuando la población en la zona de conflicto tiene que armarse para defender no solo su persona y familia sino el territorio vital donde realiza sus actividades diarias.
El señor de Los Pinos no parece tener claro cómo enfrentar este problema. Fue falsa la hipótesis de que el regreso del PRI traería paz para la zona, fue engañoso el discurso peñanietista de que se respetaría el Estado de Derecho en todo el país y principalmente en aquellas zonas con presencia de la delincuencia organizada.
El Michoacán, en las zonas de conflicto, quien gobierna es la delincuencia, y la única ley que impera es –al parecer- la de los caballeros templarios y otros grupos criminales. Los secuestros, las cuotas, las amenazas, los asesinatos son el menú de todos los días.
Pero en Michoacán para algunos, no pasa nada. Ni pasará si nos quedamos callados y hacemos que todo está bien en aquella parte de la patria que sigue herida, el gran temor de no combatir esa terrible enfermedad es que se gangrene y ese mal crezca en los Estados vecinos.
¿Ustedes que piensan? Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.


1 comentario:

@BarbaraCabrera dijo...

Doctor:
Muy buen texto el de esta #Iusfilosofando. No obstante, no puedo dejar de ponerme triste, muy triste ante la realidad de este país.

Esto produce dolor de patria.
Algo muy grande, algo radical tiene que ocurrir para rescatar este #MéxicoLindoyHerido.

Un placer leerle.