viernes, 16 de septiembre de 2011

GRITO DE SILENCIO





Mis primeros recuerdos tienen que ver con la revolución y éstos influyeron el resto de mi vida. Comprendí que no había un México sino muchos Méxicos.
Fernando Benítez

A propósito de Independencia, dice la RAE que conmemorar es Hacer memoria o conmemoración. Y desde ayer la charla con muchos de mis compañeros twitteros fue un argumento para refugiarnos en ese concepto. No había razones para “celebrar” como suele decirse.
El 15 de septiembre de ayer no fue el mismo, no hay comparación con ningún otro en la historia de este país. Las plazas no se llenaron, por más que en algunos estados de la república los gobiernos estatales convocaban a "celebrar".
Las medidas de seguridad que se tomaron para evitar ocurrieran desgracias como las de Morelia ahuyentaron a los ciudadanos, inhibieron incluso a los vendedores.
Y es que las condiciones por las que atraviesa el país no son las mejores, desempleo e inseguridad son sólo un par de razones que algunos entrevistados expusieron como argumento para no "celebrar".
Otros tantos, dijeron que no había "nada que celebrar", que no encontraban justificación para "asistir a un evento en el cual no se sentían seguros". Otros simplemente fueron aquellos que desde que inició su sexenio no ven en Calderón al "presidente legítimo".

Razones hay diferentes, pero lo cierto es que la noche de ayer fue deslucida, el temor latente de que algo puede ocurrir llevo a muchos mexicanos a quedarse en su colonia, barrio o sector y desde ahí ser ellos mismos los organizadores incluso de la seguridad. Otros tantos desde casa prefirieron, ver en televisión lo ocurrido e irse a dormir temprano, comportarse como un día normal.
El grito de silencio por el que muchos mexicanos optaron, fue un ejercicio más de  postura cívica, planeada o no. No asistir a los actos de muchedumbre fue también conmemorar que la patria a la que se aspiró construir en aquel año, de inicio del movimiento independentista y que duro más de una década no acaba de terminar.
Ayer, en el grito de silencio se hizo manifiesto; el temor se impuso, pero también la molestia y la dignidad de un sector de la población que encontró así la mejor forma de manifestar su inconformidad.
¿Y a ustedes como les fue en este grito de silencio? ¿Lo conmemoraron? ¿O de plano decidieron celebrar?

Por hoy es todo, nos leemos la próxima.
Carpe diem.

4 comentarios:

Roberto A. Guiochín dijo...

Yo me quedé en casa. Una noche como cualquiera otra en cuanto a lo rutinario, pero muy diferente por su contexto. La noche del 15 de septiembre debería ser como la noche para recibir el año nuevo: una noche para hacer recuento de lo que la patria nos ha dado. Pero como la patria la tienen secuestrada unos gobiernos estrechos de miras y alejados de sus gobernados uno tiene más claro lo que nos han arrebatado con sus políticas nefastas: nuestros ingresos, las posibilidades de mejorar, la seguridad, la confianza en las instituciones, los servicios públicos... Así ¿qué podemos celebrar? Saludos, Samuel.

Anónimo dijo...

Maestro:

Nuevamente reflexivo el texto de hoy, lamentable lo que ocurre en nuestro país y lamentable que los gobiernos; empañados en dar pan y circo hayan organizado incluso traslados a esos eventos.

Yo no celebre, como dice, hay que conmemorar. Un abrazo.

Luis

BENITO JUÁREZ - QUETZALCOATL dijo...

El acto del GRITO es un acto prostituido, bastardeado, degenerado, por el sistema injusto del mercantilismo, quienes en su mayoría son designados para darlo en los círculos oficiales, no tienen autoridad moral, ni de ningún tipo para dar ese grito....

La autora de la Columna Nornilandia es dijo...

Maestro:

Definitivamente, por la situación que enfrenta México lindo y herido; es mejor optar por manifestar un grito silencioso que de ninguna manera es sinónimo de inactividad.

Yo celebro ser mexicana, amo esta gran nación, pero no estoy de acuerdo con la clase gobernante y eso lo expongo a través de la Columna Nornilandia, a la par que propongo para construir un mejor país.

Muy buena reflexión.

Saludos.