martes, 20 de marzo de 2012

JUSTICIA-IMPUNIDAD



Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa.
Montesquieu

Los principios liberales del Estado de Derecho se da en lo que se conoce como Rule of the Law (gobierno de la ley), que es la definición de la tradición política y jurídica anglosajona del marco institucional y legal de protección de las libertades. En este sentido el gobierno de la ley tendría dos sentidos particulares:

1) La idea de que la ley excluye el ejercicio del poder arbitrario; en consecuencia, el castigo arbitrario infligido a los ciudadanos sólo por la voluntad del poder o por una burocracia sin control es incongruente con el gobierno de una ley regular, y 2) el gobierno de la ley sostiene la igualdad de todas las personas ante la ley y la sujeción de gobernados y gobernantes a la ley ordinaria aplicada por tribunales ordinarios. (Rodríguez Zepeda: Estado de Derecho y democracia)

El concepto de Estado de Derecho como gobierno de la ley depende, fundamentalmente de la idea política que los ciudadanos debemos tener sobre la necesidad de un gobierno limitado; de que el ejercicio y existencia de un Estado cae en el terreno jurídico.
Es por esta razón, que la noción de Estado de derecho ha sido muchas veces restringida a la doctrina jurídica; pero ello ha limitado no sólo la comprensión de su complejidad histórica, social y política, sino que ha llevado a algunos intentos de justificación de regímenes autoritarios o despóticos con sistemas legales coherentes bajo el argumento de que en ellos prevalece la legalidad en el control de la vida social.
Y un ejemplo caro de ello, es lo ocurrido con las declaraciones de Felipe Calderón en su visita a Papantla Veracruz (la tierra de la vainilla). Aferrado a querer “tomar el toro por los cuernos” en el caso Cassez, Calderón afirmo que “nunca la interpretación de la ley sea la rendija por donde escape, nuevamente, la impunidad”.
El llamado del señor Calderón Hinojosa no es menos que incongruente, sus declaraciones sobre impunidad están en consonancia con la forma en que se ha desarrollado su sexenio. Habla de impunidad teniendo a un lado a García Luna -ingeniero mecánico venido a secretario de seguridad federal – el principal sospechoso de gastos abusivos, exceso de violencia y el espectáculo mediático como política de seguridad. Calderón Hinojosa habla de impunidad y un ejemplo claro de como aplicarla es manteniendo a García Luna en la secretaria de seguridad pública.
En su concepción sumamente básica de justicia: “dar a cada quien lo que le corresponde de acuerdo a su propio derecho”. Calderón olvida que desde que inicio su “guerra que no es guerra”; los familiares de los “daños colaterales”, víctimas del ejército o de la delincuencia, han reclamado eso que expresa con tanta simpleza: justicia.
Al hablar de justicia, Calderón sólo describe lo que ha faltado en este sexenio; al referir impunidad, detalla el principal elemento de su mandato. El michoacano que en agosto cumplirá 50 años, olvida que el gobierno de la ley supone la existencia de una cultura política de la legalidad que haga de cada individuo un verdadero ciudadano y no un simple espectador de los discursos incongruentes de quien pretende presionar a la Suprema Corte con sus declaraciones.
En fin, este es el sexenio de la justicia suprimida y de la impunidad manifiesta; el sexenio de la incongruencia, la violencia, la miseria e inseguridad. El sexenio donde el gobierno de la ley, estuvo siempre ausente.
Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.

2 comentarios:

La autora de la Columna Nornilandia es dijo...

Maestro:

Total y abosolutamente de acuerdo con su Iusfilosofando de este día.
Diría que en ese devenir de injusticias e impunidad constantes; este sexenio tiene el sello del retroceso.

Un placer leer y compartir en este espacio.

Un fortísimo abrazo.

Anónimo dijo...

Es inaudito que este hombre -Calderón- maneje al país a su arbitrio sin tener una idea clara lo que ello significa y mucho menos las consecuencias que ya se dejan ver ahora que ya casi se vá. Lo más lamentable es que de todos los poderes no haya uno solo que le ponga un alto ni siquiera el del pueblo.