viernes, 28 de octubre de 2011

EL FANTASMA DE LA REELECCIÓN (1)



Cuando una ley es defectuosa solo puede consistir en una de estas tres causas: falta de poder, falta de saber, falta de conocimiento del legislador
 Guillermo Gerardo Hamilton

Para quienes vivimos de cerca los debates en la Cámara de diputados en estos días sobre la reforma política, una cosa quedó clara, hay figuras jurídicas que siguen siendo tabú para muchos actores legislativos de esa cámara.
Los argumentos presentados por los pro-releeccionistas y los anti-releeccionistas utilizaron escenas trágicas que nuestro país vivió y casos en otras latitudes del orbe. Por ello me parece necesario presentar algunos elementos que permitan al lector tener dimensión de lo que  se discutió en estos días por los representantes populares. Presentaré así fue como se vivió en México la reelección los primeros 15 años, de la Independencia a la constitución de 1824
Quienes hemos seguido el acontecer jurídico-político de la últimas dos décadas en nuestro país, aprendimos que la construcción y consolidación del Estado Democrático de Derecho pasa por la discusión en las cámaras y por la participación de los ciudadanos en el fortalecimiento de las instituciones.
Por ello, para que el diálogo, el debate y la propuesta se den es imprescindible que el perfil de los legisladores sea el mejor, y que el perfil del legislador sea el mejor, ésta rodeada de una serie de circunstancias entre ellas la educación, la capacitación y la práctica legislativa; y la práctica legislativa se obtiene y perfecciona a través de la experiencia y solo es posible a través del número de veces que se haya accesado a la curul, porque ni el más grande teórico podrá describir y reseñar el trabajo en comisiones, el debate, las argumentaciones o el cabildeo para aprobar las iniciativas.
Hablar de la reelección implica luchar contra toda una cultura que ha sido arraigada en nuestra formación, quizá tanto como el lenguaje mismo. Y es que en México, desde niños nos enseñaron que la reelección era mala y que era propia de los gobiernos tiranos. Presentar a Díaz como el dictador por haberse reelegido por años y omitir que Juárez hizo lo mismo, pero en otras circunstancias; es un ejercicio estupendo de como la historia de bronce fue la preferida de régimen hegemónico.
Por más de 70 años vivimos formados bajo una especie de odio contra la reelección, el tema era o sigue siendo en las escuelas un asunto condenado, es lo malo, lo perverso, aquello a lo que no debemos regresar nunca más. Y para demostrar lo perverso que puede ser, está el ejemplo de Antonio López de Santa Anna, el traidor que se reeligió solo para vender a la patria, entregando más de la mitad del territorio nacional a los Estados Unidos, o el de Porfirio Díaz Mori, el dictador que gobernó nuestro país por más de 30 años y que lo mantuvo bajo el yugo de esa minoría rapaz que se distribuía los beneficios y que gozaba del poder.
Fue así como nos formaron, la información que oficialmente nos suministraron, los datos que ideologizaron los sucesos que forjaron al país que conocemos, esa fue la forma en que querían que las “supiéramos”; y es que como  “la historia es de quien la trabaja, sea está personal e íntima, o sirva para ilustrar a ciudadanos o correligionarios sobre la actuación pública de héroes y antihéroes” (Gregorio Ortega: ¿Fin de la Revolución Mexicana?: 1994) La actuación preferida del Estado es pedirle a sus ideólogos hacer una historia de bronce, donde puedan contar lo que conviene decir en el momento político correcto.
Dicho lo anterior es importante analizar el contexto histórico del momento, puesto que nos permitirá entender, las razones por las cuales se tomaron las determinaciones que llevaron a la redacción de los documentos constitucionales que se aluden.
En 1813 José María Morelos y Pavón convocó al Primer Congreso Americano en Chilpancingo, mismo que promulgó la Constitución de Apatzingán un año más tarde, sobre la base del documento escrito por Morelos, intitulado Sentimientos de la Nación.
En dicho documento Morelos y Pavón establece sobre el Poder Legislativo “Que la soberanía dimana inmediatamente del pueblo, el que sólo quiere depositarla en el Supremo Congreso Nacional Americano, compuesto de representantes de las provincias en igualdad de números” (Artículo 5 de Los Sentimientos de la Nación )
La importancia del documento aportado por Morelos y Pavón es tal, que sirvió de base para los subsecuentes ordenamientos Constitucionales. Al exponer “Que la soberanía dimana inmediatamente del pueblo” José María Morelos y Pavón, rescata las aspiraciones de la Revolución Francesa y recobra las ideas de Rousseau, Hobbes, Locke y Sieyes que entregan la soberanía al Poder Legislativo, por ser este la representación del pueblo mismo.
El documento de Morelos y Pavón expone en el artículo 6º, “Que los poderes legislativo, ejecutivo y judicial estén divididos en los cuerpos compatibles para ejercerlos” De esta forma se establece por primera ocasión la forma en cómo se ejercerá el poder en tres esferas. Sin embargo, los Sentimientos de la Nación de Morelos, no contemplo la reelección legislativa, solo se dedicó a hablar de la división de los poderes y de las facultades del poder legislativo.
Tras el reconocimiento de México como país independiente en 1821, y dado que Iturbide había sido protagonista en el reconocimiento de la independencia de México, en 1822 se proclama Emperador. Sin embargo el Primer Imperio Mexicano duró pocos meses, pues se vio envuelto en una crisis derivada de la necesidad de pagar los daños provocados por los once años de revolución independentista, y de su enfrentamiento contra los republicanos.
En 1823, Antonio López de Santa Anna y Vicente Guerrero proclamaron el Plan de Casamata, que desconocía al gobierno de Iturbide y anunciaba la instauración de una República.
El Congreso Constituyente de 1824, nombró presidente el 2 de octubre a Guadalupe Victoria para el periodo 1824-1828 y el 4 de mismo mes publicó la Primera Constitución formal del México Independiente.
La Constitución expuso que el Supremo Poder de la Federación se divide para su ejercicio en Legislativo, Ejecutivo y Judicial, según su artículo 6º. Por su parte el artículo 7º establece que: “Se deposita el poder legislativo de la federación en un Congreso general. Éste se divide en dos Cámaras, una de diputados y otra de senadores”
De igual forma menciona que “los diputados eran elegidos en su totalidad cada dos años, por los ciudadanos de los estados; en tanto que los dos senadores por cada estado eran elegidos a mayoría absoluta de votos por sus legislaturas, y renovados por mitad de dos en dos años”. (Miguel A. Quirós Pérez: ¿Reelección o no reelección en los órganos de gobierno de elección popular?)
Aunque la Constitución de 1824 previó que la Cámara de Diputados se renovara en su totalidad cada dos años por los ciudadanos de los estados (artículo 8º), y que los senadores  dos por cada estado "fueran renovados por mitad de dos en dos años" elegidos por las legislaturas de los estados (artículo 25). No introdujo ninguna restricción a la posibilidad de que, finalizado el plazo del desempeño de las tareas legislativas, pudieran reincorporarse a las cámaras quienes hubieran gozado ya de la calidad de senadores o de diputados.
Dice Manuel Ferre que tal salvedad pudo haberse establecido por el artículo 23, que tipificaba quiénes no podían ser diputados, o por el 29, que precisaba que “no pueden ser senadores los que no pueden ser diputados”. Pero advierte que el primero de esos artículos se aprobó sin que se suscitara la menor discusión en torno a las excepciones; que de igual forma ningún legislador menciono los posibles inconvenientes que traería consigo la reelección de los miembros de las cámaras y que tampoco consta debate alguno sobre el artículo 29.
Así fue como se vivió el México de los primeros 15 años, el de la Independencia a la constitución de 1824. Así se vivió el fantasma de la reelección. En las próximas colaboraciones aportare mi opinión sobre esta figura en las siguientes constituciones de nuestro país. Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem.

4 comentarios:

La autora de la Columna Nornilandia es dijo...

Maestro:

Comienza esta Columna Iusfilosofando con una magnpifica frase, de uno de los grandes parlamentarios de todos los tiempos.

Abordar el tema de la reelección es coadyuvar en la generación de pensamiento crítico y analístico; por ello aplaudo este texto, donde nos ofrece datos interesantes para comenzar a entender el porqué de esta figura.

Estaré atenta a las próximas entregas.

¡Excelente columna!

Anónimo dijo...

Maestro:

Muy ilustrativa su aportación de hoy, es un ejemplo academico para muchos, pues comparte elementos que no conocemos los mexicanos y su referencia a la historia es propicia para entender porque en México le tememos a la reelección.

Gracias y un abrazo

Luis

Anónimo dijo...

Es una reseña histórica muy aleccionadora sobre las base que tiene el estado para regir la vida política y que a pesar de los años que han pasado no se han tomado el trabajo necesario para perfeccionarla por la misma causa nos dá miedo la reelección por que conocemos pocos diputados que sean conocidos por su trabajo relevante

David dijo...

Gracias Maestro, es muy necesario conocer los antecedentes históricos pasados e inmediatos en torno a esta discusión sobre la reelección. Eso nos ayuda mucho a crear un criterio conveniente, maduro y oportuno y por tanto sí es aplicable a nuestra actualidad.

Datos útiles y muy interesante compilación, estaré esperando la siguiente entrega de su opinión.

Pase una excelente semana, un abrazo y hasta la próxima!!